La política internacional del nuevo gobierno no se ha delineado aún con precisión. Veremos en manos de quien quedará la cancillería. Y qué pautas se van bosquejando en la comisión de relaciones exteriores que ojalá cite el gobierno De la Espriella con más rigor que su antecesor.
Pero algunos indicios que se perciben ya comienzan a ser preocupantes. Quizás el más inquietante sea la excesiva dependencia de Donald Trump en las relaciones con Estados Unidos que se adivina en el lenguaje del nuevo presidente colombiano.
El arte de las buenas relaciones con el país del norte que históricamente siempre ha mantenido Colombia radica en tocar las puertas de la amistad y de la colaboración no con un solo partido, sino de ambas colectividades: republicanos y demócratas.
Da la impresión de que el nuevo gobierno colombiano, deslumbrado con la cercanía que parece tener De la Espriella con los círculos más cercanos y recalcitrantes de la administración Trump, y con el mismo mandatario de los Estados Unidos, olvida la doctrina básica de la política exterior colombiana, vale decir: mantener excelentes relaciones con ambos partidos. No solo con uno de ellos.
El bipartidismo ha sido históricamente -valga el ejemplo- la que se ha sostenido en la política exterior cafetera y que tan buenos resultados le ha dado al país a lo largo del último siglo.
Resulta peligroso por tanto apostarle solamente a la carta Trump.
En primer lugar, porque en el congreso de los Estados Unidos- y sobre todo en las comisiones financieras y de comercio exterior- los demócratas son muy fuertes. Y pueden serlo aún más luego de las elecciones de noviembre, para las cuales los pronósticos no son nada favorables a Trump. Su imagen viene dentro de los electores norteamericanos viene cayendo estrepitosamente.
Y, en segundo lugar, por el tono fantoche de Trump que no lo hace un socio confiable para entregarle todas las cartas del póker de la política exterior colombiana. Para no ir muy lejos: Trump se atribuyó el éxito del candidato De la Espriella por haberle enviado tres trinos de apoyo durante la campaña. ¡Hágame el favor!
Si hay alguien desacreditado en la arena internacional, hoy en día, es Trump. Pelea e insulta a todo el mundo. Su fuerza no es la de la razón sino la de la fuerza. Se le mira con desconfianza suma por la Unión Europea y hasta ha llegado a maltratar al Papa.
Desde luego: el nuevo gobierno colombiano debe procurar mantener buenas relaciones así no nos guste el personaje con el atorrante Trump. Hay muchas decisiones -sobre todo en el campo comercial y de la colaboración en la lucha contra el narcotráfico- en las que el clima con la Casa Blanca resulta indispensable mantenerlo con una temperatura soportable.
Pero lo anterior no puede hacernos olvidar que es indispensable mantener no solo excelentes relaciones con Trump y los republicanos, sino también con los demócratas que de pronto, no lo olvidemos, son los que van a marcar el paso en el congreso a partir de noviembre.
*Exministro de Estado

