¡La ciudad estalla, la gente tiene sed!

La comunidad sale a las calles en vista de la sed que padece y además porque la empresa Essmar no soluciona, lo mismo que la Superservicios que ha nombrado diez agentes interventores en los últimos cinco años para que se robaran la empresa. 

Los samarios están cansados. Ya no aguantan más la inoperancia de una empresa que los ha sometido a toda clase de vejámenes, como la de negarle por días y semanas la prestación de un vital servicio: el de agua potable.

Hoy la empresa Essmar es la responsable de toda la inconformidad que recorre las calles de Santa Marta donde la gente sale, bloquea las vías y expresa su indignación. Es una protesta social justificada, donde en vista de la necesidad por un galón de agua, la gente acude a bloquear las calles para hacerse sentir.

Mientras la ciudad tiene sed, la Superservicios aguarda con una actitud de indiferencia, y no escucha ni el llamado del alcalde Carlos Pinedo Cuello, ni las necesidades de la ciudad.

El gobierno del alcalde Pinedo Cuello  es consciente que no puede violar la Ley metiéndose a las plantas que maneja la Essmar o tomar la empresa para que el Distrito sea su operador. Pero toda paciencia tiene su límite. Y hoy ronda por la cabeza del alcalde Pinedo de ejercer soberanía legal y humanitaria sobre ese bien de propiedad del Distrito, por el bienestar de miles de personas que no tienen agua.

Por eso, la desesperación de miles de familias volvió a las calles. Bloqueos, protestas y gritos de indignación recorrieron el corredor universitario, la avenida del Ferrocarril y otros sectores de una ciudad cansada de esperar soluciones al desabastecimiento de agua.

La noche volvió a caer sobre Santa Marta, pero esta vez no trajo tranquilidad. Trajo rabia. Trajo impotencia. Trajo nuevamente a centenares de ciudadanos a las calles con baldes vacíos, pancartas improvisadas y una sola exigencia: agua. Porque cuando a una comunidad le falta el agua, se le acaba la paciencia.

Y eso fue precisamente lo que ocurrió nuevamente ayer martes, cuando habitantes de 14 barrios del corredor universitario salieron a protestar por la prolongada ausencia del servicio de agua potable, una situación que, según denunciaron, se ha vuelto insoportable y amenaza la salud, la economía familiar y la tranquilidad de miles de hogares.

Las manifestaciones crecieron con el paso de las horas.

La indignación terminó trasladándose hasta la avenida del Ferrocarril, donde la comunidad bloqueó la vía para llamar la atención de las autoridades ante lo que consideran un abandono institucional frente a una crisis que lleva demasiado tiempo golpeando a la ciudad.

Otros sectores de Santa Marta también reportaron protestas y concentraciones ciudadanas. Son reclamos justos. Era la voz de una población agotada. La voz de madres que ya no saben cómo cocinar sin agua. La de adultos mayores que deben sobrevivir almacenando cada gota. La de comerciantes que ven disminuir sus ingresos porque sin agua no pueden abrir normalmente sus establecimientos. La de niños que preguntan cuándo volverán a bañarse con normalidad. La sed volvió a convertirse en protagonista. Y con ella regresó la indignación.

LA GENTE INDIGNADA

En numerosos barrios, los habitantes aseguran que llevan días, e incluso semanas, soportando interrupciones prolongadas del servicio. Cada jornada sin agua representa una carga adicional para familias que deben comprar agua a precios elevados, esperar carrotanques insuficientes o depender de la solidaridad entre vecinos.

Las imágenes comenzaron a circular rápidamente en las redes sociales. Calles cerradas. Vecinos reunidos. Vehículos detenidos. Personas levantando su voz para exigir algo tan elemental como abrir una llave y encontrar agua. La escena resulta dolorosa para una ciudad que aspira a consolidarse como uno de los principales destinos turísticos del Caribe colombiano. Mientras hoteles, restaurantes y playas reciben visitantes, en numerosos hogares continúa librándose una batalla diaria por conseguir el líquido indispensable para vivir.

LA CIUDAD ESTÁ CANSADA DE ESSMAR

La inconformidad ciudadana vuelve a concentrarse sobre la Empresa de Servicios Públicos del Distrito, Essmar que cumple 5 años de estar intervenida.

Los samarios consideran que las respuestas siguen siendo insuficientes frente a una problemática que afecta la vida cotidiana de miles de personas.

Las explicaciones técnicas ya no logran contener el malestar. Las promesas de mejoramiento generan cada vez menos confianza. La ciudadanía reclama hechos concretos. No promesas. Tampoco cronogramas que nunca llegan a cumplirse. No anuncios repetidos. La gente simplemente quiere agua. Porque el agua no admite aplazamientos. Cada hora sin servicio representa dificultades para cocinar, asearse, lavar la ropa, atender negocios, cuidar enfermos o garantizar condiciones básicas de higiene.

LA INTERVENCIÓN QUE NO CONVENCE

La crisis también reavivó las críticas contra la intervención de Essmar por parte de la Superintendencia de Servicios Públicos.

Muchos ciudadanos expresan que, después de varios años de intervención y del paso de numerosos agentes interventores, la ciudad continúa enfrentando graves deficiencias en el suministro de agua potable.

Esa percepción ha incrementado la frustración de la comunidad, que exige explicaciones claras sobre las decisiones adoptadas durante este proceso, los recursos invertidos y los resultados obtenidos. En las calles ya no solamente se escucha una petición de agua.

También se escucha una exigencia de transparencia, de rendición de cuentas y de soluciones reales.

Porque para miles de familias el tiempo de las explicaciones ya terminó.

EL SUFRIMIENTO DE  14 BARRIOS

Son  14 barrios de la ciudad de Santa Marta los que ayer denunciaron que llevan 15 días sin recibir agua potable por las redes del acueducto, situación que los obligó a bloquear las vías de ingreso a la Universidad del Magdalena y zonas adyacentes exigiendo una solución.

Entre los sectores afectados están Los Laureles, Villa de Mar, Villa Wendy, Villa Bella, Villa Universitaria, Portal Universitario, Villa Marbella, El Piñón, entre otros. Además de los residentes se han afectado los comerciantes de la zona quienes suspendieron sus actividades económicas por la falta de agua potable.

Se estableció que durante una excavación del terreno que se adelanta como parte de una obra civil de pavimentación del sector, una maquinaria rompió una tubería subterránea y un cable de alta tensión, que garantiza la energía a la motobomba del pozo número ocho, que suministra el agua potable a los barrios del sector. Esto ocasionó la interrupción en el abastecimiento del agua potable.

Carlos Villalobos, edil de la localidad 1 de Santa Marta Cultural – Tayrona – San Pedro Alejandrino, denunció que “hace 15 días los habitantes de 14 barrios están sin el servicio de agua potable; que el contratista asume la responsabilidad, pero indica que la empresa Essmar durante la aprobación de los estudios técnicos de la obra no le informó que por esa calle pasaba el cableado de la motobomba y hoy hay un cuello de botella, afectando a la comunidad”.

La señora María Pilo Nieta, habitante del sector, anotó que “solicitamos que abran las válvulas para el suministro del agua, pero la Essmar dice que los niveles del agua están bajos y eso no es una excusa, necesitamos una solución. Esta situación no es responsabilidad de la Alcaldía Distrital, ni de la Gobernación del Magdalena, sino de la empresa Essmar que no presta un buen servicio”.

Rafael Correa, habitante del sector, dijo que “reclamamos que vengan a arreglar el daño porque nos dijeron que el cable no se encuentra en Colombia, lo cual nos parece raro. Estamos muy atrasados con el sistema de acueducto, alcantarillado, energía y todo esto nos afecta”, dijo Correa.

GOBIERNO CON LAS MANOS ATADAS

Mientras tanto, el alcalde Carlos Pinedo Cuello ha insistido públicamente en solicitar una solución definitiva para la crisis del agua que vive Santa Marta.

Sin embargo, la administración distrital ha señalado que la intervención limita sus posibilidades de actuar directamente sobre la operación de la empresa y de la infraestructura que hoy se encuentra bajo ese esquema administrativo.

´Le hemos pedido al Gobierno nacional que nos devuelva la Essmar. Ya está bueno. Esa empresa ha demostrado que no tuvo como atender adecuadamente los servicios que presta´, dijo el alcalde Carlos Pinedo Cuello.

LA OPERACIÓN DEL SISTEMA

El alcalde Pinedo Cuello le recordó a la ciudadanía que la responsabilidad de la operación del sistema de acueducto y alcantarillado, y atender este tipo de situaciones y garantizar el óptimo servicio, es de la Empresa de Servicios Públicos de Santa Marta – Essmar E.S.P., la cual se encuentra intervenida por la Superintendencia Nacional de Servicios Públicos Domiciliarios desde noviembre de 2021, por consiguiente, la responsabilidad es del Gobierno Nacional.

Luego afirmó: ´El Gobierno Distrital, en cabeza de su alcalde Carlos Pinedo Cuello, hace un llamado a la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios y  al Gobierno Nacional, para que tome medidas frente a esta situación y que la Essmar E.S.P. cumpla con lo que le corresponde y se garanticen los derechos de samarios y turistas, frente a una buena y oportuna prestación del servicio´.

Afirmó que ´en reiteradas ocasiones la administración distrital ha exigido a las directivas de la Essmar E.S.P., disponer de planes de contingencia que permitan actuar de manera oportuna ante cualquier inconveniente; sin embargo, los recientes casos de rebosamientos de aguas residuales, evidencian la falta de los mismos´

Esa situación genera una sensación de impotencia institucional. Los ciudadanos reclaman al Gobierno Nacional respuestas inmediatas. El Distrito manifiesta su disposición de encontrar salidas. Pero el agua sigue sin llegar con la regularidad que la ciudad necesita. Y la paciencia de los samarios continúa agotándose. La protesta de una ciudad que perdió la paciencia Quienes salieron esta noche a bloquear vías no buscaban protagonismo. Buscaban ser escuchados. Buscaban llamar la atención sobre una realidad que consideran insostenible. Cada barricada improvisada, cada grito y cada concentración ciudadana reflejan una frustración acumulada durante años. No es una molestia de un día. Es el cansancio de toda una ciudad. Santa Marta siente que ha esperado demasiado. Que ha soportado demasiadas promesas. Que ha escuchado demasiadas explicaciones. Mientras tanto, el agua continúa faltando.

UNA DEUDA HISTÓRICA

Resulta paradójico que una ciudad con semejante potencial turístico continúe enfrentando uno de los problemas más graves en materia de servicios públicos. No puede hablarse de competitividad. No puede hablarse de desarrollo.

No puede hablarse de calidad de vida. No puede hablarse de progreso. Cuando miles de familias desconocen a qué hora volverá el agua. La crisis dejó de ser un problema técnico.

Es una crisis social. Es una crisis económica.

Es una crisis de confianza. Y también una crisis de dignidad. Porque ningún ciudadano debería salir a bloquear una carretera para reclamar un derecho básico. Santa Marta merece una respuesta

Las protestas de anoche son mucho más que un problema de movilidad. Son un mensaje.

Un mensaje claro de una ciudadanía que siente que ya agotó todos los caminos para hacerse escuchar. La ciudad no pide privilegios. Exige un derecho fundamental. El acceso continuo al agua potable.

Los samarios esperan que las autoridades competentes actúen con la urgencia que la situación demanda, que se aceleren las soluciones estructurales y que la crisis deje de administrarse para comenzar, por fin, a resolverse.

Porque mientras el debate institucional continúa, miles de familias siguen esperando frente a un grifo seco.

Y esa imagen resume el drama de una ciudad que, rodeada por el mar Caribe y bendecida por la naturaleza, sigue librando la batalla más elemental de todas: la de conseguir agua para vivir.

Santa Marta no necesita más excusas. Necesita agua. Y la necesita ahora.

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