El gol de los que no se rinden

Por
GIULIANA
MANCUSO

El fútbol, como la vida, siempre deja lecciones. En el partido de Colombia hubo una jugada que fue mucho más que una asistencia para un gol. Fue una muestra de carácter.

El jugador cayó. Lo sujetaron de la camiseta. Intentaron frenarlo. Cualquiera hubiera pensado que la jugada terminaba allí. Pero decidió levantarse, seguir luchando y, en medio de la dificultad, entregar el pase que terminó en gol. Fue un momento maravilloso, porque nos recordó que los grandes resultados nacen de la perseverancia.

La vida se parece mucho a esa jugada. Todos vamos en busca de un propósito, de ese sueño que llevamos en el corazón. En el camino aparecen tropiezos, personas que intentan detenernos, momentos que nos hacen caer y circunstancias que parecen robarnos las fuerzas. Pero la diferencia no la marca quien nunca cae, sino quien encuentra el valor para levantarse.

Porque muchas veces el gol de nuestra vida está a un paso de distancia y no lo vemos. Está después de la caída, después del esfuerzo y después de haber decidido continuar cuando parecía más fácil quedarse en el suelo.

Los obstáculos no siempre llegan para derrotarnos; a veces llegan para demostrarnos de qué estamos hechos. Y es precisamente en esos momentos cuando descubrimos que somos más fuertes de lo que imaginábamos.

Que nunca olvidemos esta lección: podrán halarnos, podrán hacernos caer, podrán intentar detenernos, pero mientras exista la voluntad de levantarnos y seguir avanzando, siempre habrá una oportunidad de llegar al gol.

Y ese gol tiene nombre: nuestros sueños. La gloria no pertenece a quienes nunca caen, sino a quienes, aun en el suelo, encuentran la fuerza para levantarse y seguir jugando el partido de sus sueños.

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