Más allá de las interpretaciones y análisis políticos habituales que deja la elección presidencial del pasado domingo, hay un hecho que merece una reflexión particular. Por segunda vez en menos de una década, Colombia ha elegido como presidente de la República a un egresado de la Escuela Mayor de Derecho de la Universidad Sergio Arboleda.
Cuando Iván Duque Márquez llegó a la Presidencia en 2018, muchos pudieron considerar anecdótico que fuera egresado de esta universidad. La elección de Abelardo De la Espriella obliga a mirar el fenómeno desde otra perspectiva. Dos presidentes de la República formados en la misma institución ya no pueden explicarse únicamente por el azar.
La explicación comienza con dos nombres que ocuparán siempre un lugar destacado en la historia intelectual de Colombia: Álvaro Gómez Hurtado y Rodrigo Noguera Laborde. Los unía una profunda amistad, una vasta cultura y una preocupación permanente por el futuro del país.
Álvaro Gómez fue uno de los grandes pensadores colombianos del siglo XX. Parlamentario, periodista, candidato presidencial y hombre de letras, dedicó buena parte de su vida a reflexionar sobre los problemas nacionales. Poseía una formación humanística excepcional, conocía profundamente la cultura europea y mantenía una especial cercanía con la tradición intelectual francesa.
Rodrigo Noguera Laborde fue uno de los juristas más connotados y respetados de su generación. Ministro de Estado, dos veces Procurador General, maestro del derecho y autor de obras que todavía hoy son estudiadas en las facultades jurídicas. Historiador, filósofo y constructor de instituciones, poseía además una singular capacidad para convertir los proyectos en realidades concretas.
Juntos decidieron fundar en 1984 una universidad que respondiera a sus convicciones sobre la educación superior. Convocaron a distinguidos profesores y juristas. Querían formar abogados sobresalientes, pero también ciudadanos cultos, preparados para comprender la complejidad de la vida pública y participar activamente en ella.
La Universidad Sergio Arboleda nació en una época en la que todavía se pensaba que la formación universitaria debía ir más allá de la especialización profesional y mantener un diálogo permanente con la filosofía, la literatura y el pensamiento político. Álvaro Gómez Hurtado y Rodrigo Noguera Laborde fueron hombres de esa tradición intelectual. La universidad que fundaron conserva buena parte de ese espíritu.
A la Universidad Sergio Arboleda se le ha atribuido con frecuencia una identidad conservadora. La observación no carece de fundamento. Sus fundadores pertenecían a una generación que concedía enorme importancia a la formación intelectual, a la cultura general y al estudio de las grandes ideas de la civilización occidental. Consideraban que una universidad debía preparar profesionales competentes y ciudadanos capaces de participar con criterio en los asuntos públicos.
Los resultados están a la vista. De sus aulas han salido magistrados, ministros de Estado, fiscales, empresarios, académicos, emprendedores y servidores públicos que han ocupado posiciones de liderazgo dentro y fuera del país.
Ese crecimiento y esa visibilidad también han generado controversias. Algunas voces han preferido juzgar a la institución a partir de etiquetas ideológicas antes que por sus realizaciones académicas. Las universidades terminan siendo evaluadas por la calidad humana e intelectual de sus egresados. Ésa es la prueba del tiempo.
Me alegró escuchar a Abelardo De la Espriella reconocer en su discurso de victoria la influencia que tuvo la U. Sergio Arboleda en su formación. El gesto honra a su alma mater y recuerda la importancia que las universidades conservan en la formación de quienes más tarde asumen responsabilidades de liderazgo.
Existe además una circunstancia cargada de simbolismo. Álvaro Gómez Hurtado fue asesinado el 2 de noviembre de 1995 cuando salía de las instalaciones de la Universidad después de cumplir sus actividades académicas. Treinta y un años después, la institución que ayudó a fundar ve llegar a la presidencia de la República a un segundo egresado de su Escuela Mayor de Derecho.
Llevo más de dos décadas vinculado a este claustro de estudios superiores. Por eso escribo estas líneas con legítimo orgullo. La elección de la Espriella pertenece a la historia política de Colombia. También forma parte de la historia de una universidad que, a sus 42 años de existencia, continúa demostrando la solidez de la obra concebida por Álvaro Gómez Hurtado y Rodrigo Noguera Laborde.
*Economista* Analista Internacional.

