Madurez y mesura democrática

Este 21 de junio, Colombia acude a una de las citas más determinantes de su historia reciente. En un ambiente de alta expectativa, las elecciones presidenciales representan mucho más que la simple elección de un mandatario, configuran una prueba de fuego para la solidez institucional del país.

En este escenario, acudir a las urnas no debe ser visto como una opción individual, sino como obligación ineludible, el voto es la herramienta legitima para tejer el destino colectivo, un deber civil que convoca al ciudadano a manifestar su voluntad con responsabilidad, entendiendo que el futuro de la nación se construye participando activamente de todos.

La trascendencia de esta jornada exige un comportamiento a la altura por parte de los líderes políticos. Se hace necesario un enérgico llamado de prudencia y acato para los candidatos y sus campañas, la retórica de la confrontación debe ceder el paso al respeto por las reglas del juego, recordar que los aspirantes a la Casa de Nariño tienen la responsabilidad histórica de sopesar sus declaraciones, evitar la polarización incendiaria garantizando que sus equipos asuman una conducta ejemplar.

El verdadero liderazgo no solo se demuestra en la victoria, sino en la capacidad de cuidar la estabilidad social y la paz pública durante las horas más tensas del escrutinio; máxime cuando los resultados comiencen a consolidarse y la Registraduría emita los boletines definitivos, el país necesita ver grandeza en ambos lados del espectro político.

Las celebraciones de la campaña ganadora deberán ser moderadas, desprovistas de soberbia o provocaciones que profundicen las heridas de la contienda, por su parte, quienes no resulten favorecidos por el voto popular, están llamados a dar una lección de civismo, asumiendo una derrota aceptada con carácter y personalidad. Reconocer el triunfo del contrincante con dignidad y gallardía es el reflejo más puro de un demócrata; la oposición constructiva es vital para el equilibrio del poder y requiere de madurez emocional e institucional.

En las +ultimas horas previas a la apertura de las mesas, el clamor generalizado es esperar mesura en los votantes ante cualesquiera que sean los resultados.  El veredicto ciudadano expresado en las urnas es sagrado y debe prevalecer por encima de cualquier interés partidista. Colombia no puede permitirse caer en la incertidumbre de discursos sobre fraude sin pruebas o llamados a la intolerancia en las calles.

La tranquilidad del lunes posterior dependerá de la seriedad con la que se asimile la jornada dominical. Es responsabilidad de todos los ciudadanos ser garantes de la convivencia pacífica, durante e inmediatamente después de las elecciones, así como prevenir cualquier forma de violencia y preservar la paz en todo el territorio nacional.

Que la cordura rija nuestras acciones y que el respeto por la democracia sea el verdadero vencedor de esta histórica jornada electoral.

*Exdirector de la Policía Nacional.

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