Las acciones de SpaceX han despedido su primera jornada de negociación en el Nasdaq con un precio final de 160,95 dólares, equivalente a una subida del 19,22%, lo que ha impulsado la valoración de la empresa aeroespacial fundada y dirigida por Elon Musk hasta los 2,1 billones de dólares (1,83 billones de euros).
Tras más de dos horas de ajustes en la negociación ante las expectativas levantadas, los títulos de SpaceX debutaron este viernes marcando un primer precio de 150 dólares, un 11,1% por encima de los 135 dólares por acción fijados en la oferta inicial para saltar al parqué, elevando así su valoración inicialmente a 1,97 billones de dólares (1,73 billones de euros).
No obstante, después de comenzar a negociarse públicamente, la cotización de la compañía de lanzamiento de cohetes y satélites solo llegó a cotizar brevemente por debajo de los 150 dólares de su primer precio, con un mínimo intradía de 149,34 dólares, mientras que llegó a marcar un máximo intradía de 176,52 dólares, un 30,75% por encima del precio de la OPV, con una valoración de 2,3 billones de dólares (2 billones de euros).
La revalorización experimentada por las acciones de SpaceX en su primer día de negociación en el Nasdaq ha confirmado a Elon Musk como la primera persona en alcanzar un patrimonio superior al billón de dólares (866.000 millones de euros).
De hecho, SpaceX se ha convertido en la sexta mayor cotizada de Estados Unidos por capitalización bursátil, superando ampliamente los 1,5 billones de dólares (1,3 billones de euros) de Tesla, la otra compañía cotizada liderada por Elon Musk.
«Si alguien me hubiera dicho que esto iba a pasar, habría pensado: ¡Qué locura!», reconocía Musk este viernes en la ceremonia de toque de campana previa a la apertura del Nasdaq, donde confesaba que inicialmente pensaba que el proyecto tenía «menos del 10% de posibilidades de éxito».
«Si no lo hacemos, si no hay una nueva empresa que se adentre en el espacio, nunca seremos una civilización verdaderamente espacial», afirmó al referirse a la posibilidad de impulsar la vida multiplanetaria, «para crear Star Trek» y convertir en realidad futuros «emocionantes» para todos. «De eso se trata SpaceX: de sacar la ficción de la ciencia ficción y crear un futuro emocionante», aseguraba antes de dar comienzo a la sesión del viernes en el Nasdaq.
De su lado, el consejero delegado de Goldman Sachs, David Salomon, ha felicitado este viernes a SpaceX por la salida a bolsa de este viernes, «la mayor de la historia», en la que la entidad de Wall Street ha sido el coordinador principal de la colocación.
«Estamos orgullosos de la sólida colaboración que nuestro equipo ha forjado con SpaceX a lo largo del tiempo. Conozco a Elon Musk desde hace más de 15 años, al igual que varios de mis colegas, y ha sido increíble ver cómo su visión se hacía realidad y trabajar con Gwynne, Bret y todo el equipo», ha cmentado Solomon a través de redes sociales.
SpaceX había confirmado ayer un precio de 135 dólares para cada una de los 555,6 millones de acciones de la compañía comercializadas en la oferta pública inicial, lo que permitó a la empresa recaudar 75.000 millones de dólares en un primer momento, aunque las entidades que actuarán como garantes de la transacción podrán vender otros 83,3 millones de títulos, que elevarían el monto de la operación a 86.250 millones de dólares (74.695 millones de euros).
De este modo, SpaceX se ha convertido en la mayor salida a bolsa de la historia, superando ampliamente el registro de la petrolera Saudi Aramco, que en 2019 recaudó 29.400 millones de dólares (25.462 millones de euros).
En la documentación registrada ante la SEC previamente al comienzo de la negociación de sus acciones, SpaceX advertía de que Elon Musk poseerá aproximadamente el 91,6% de las acciones ordinarias de Clase B en circulación, así como el 82,4% del poder de voto total (o el 82,3% si los suscriptores ejercen su opción), por lo que la compañía será considerada una «empresa controlada» según las normas de gobierno corporativo de Nasdaq y Nasdaq Texas.
Además, SpaceX anticipaba que no prevé declarar ni pagar dividendos en efectivo a los titulares de las acciones ordinarias de la compañía «en un futuro próximo», sino que contempla retener las ganancias futuras, si las hubiere, para financiar el crecimiento del negocio, aunque la futura política de dividendos quedará a discreción del consejo de administración y dependerá de las condiciones vigentes en el momento, incluyendo los resultados de operaciones.
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