Murió Soledad Curvelo, inmortalizada por Carlos Vives en ‘Pitan Pitan’

Soledad Curvelo Rosete, reconocida habitante del barrio Pescaíto, recordada por su carisma, sus tradicionales fritos y por haber sido inmortalizada por Carlos Vives en la canción ‘Pitan Pitan’, falleció ayer lunes en Santa Marta.

Durante décadas conquistó a generaciones de samarios con sus fritos, su carisma y la alegría que la convirtió en uno de los personajes más queridos del tradicional sector.

La tristeza embarga al barrio Pescaíto y a gran parte de Santa Marta tras conocerse el fallecimiento de Soledad Curvelo Rosete, la mujer que fue inmortalizada por el cantante samario Carlos Vives en una de las estrofas más recordadas de la canción ‘Pitan Pitan’.

“Soledad”, como era conocida cariñosamente entre vecinos, pescadores, hinchas del Unión Magdalena y visitantes del sector, murió en horas de la mañana en su humilde vivienda, dejando un profundo vacío entre quienes durante años compartieron con ella en el tradicional barrio ubicado cerca del puerto de Santa Marta.

La noticia de su fallecimiento rápidamente comenzó a difundirse entre la comunidad samaria, especialmente en Pescaíto, donde su nombre se convirtió con el paso del tiempo en símbolo de tradición, alegría y sabor popular.

Muchos la recuerdan por aparecer mencionada en la emblemática canción interpretada por Carlos Vives, cuya letra retrata parte de la esencia popular y cotidiana de Santa Marta. “Muy cerca de tus muelles donde vive Soledad, un hombre muy temprano se levanta a trabajar”, dice la estrofa que durante años hizo que cientos de personas preguntaran quién era aquella mujer mencionada en la canción.

Detrás de ese nombre existía una historia marcada por el trabajo duro, la sencillez y el cariño de toda una comunidad. Soledad Curvelo dedicó gran parte de su vida a la venta de fritos en un pequeño negocio improvisado con láminas y madera cerca del puerto, un sitio que terminó convirtiéndose en parada obligatoria para quienes buscaban comida típica y un ambiente cargado de humor y camaradería.

Desde muy temprano comenzaba sus jornadas preparando alimentos tradicionales que poco a poco la hicieron reconocida en distintos sectores de la ciudad. Sus famosas chinchurrias acompañadas de patacones, las papas rellenas, el picante artesanal y la tradicional chicha eran algunos de los productos más apetecidos por clientes que llegaban diariamente hasta su puesto.

Habitantes del sector aseguran que el lugar trascendió más allá de un simple negocio de comida. Para muchos, visitar a Soledad era encontrarse con una mujer espontánea, alegre y siempre dispuesta a conversar con quienes llegaban hasta su pequeño rancho.

Su personalidad extrovertida y las ocurrencias con las que respondía a cada comentario o broma hicieron que se ganara el cariño de generaciones enteras de samarios. Pescadores, trabajadores del puerto, músicos, deportistas, hinchas del Unión Magdalena y turistas compartieron en más de una ocasión con ella.

Con el paso de los años, Soledad terminó convirtiéndose en uno de los personajes más representativos de Pescaíto, barrio reconocido por ser cuna de grandes futbolistas, músicos y figuras populares de Santa Marta. Personas cercanas aseguran que incluso después de haber sido mencionada en la canción de Carlos Vives, nunca perdió su sencillez ni su humildad. Continuó atendiendo a quienes llegaban a su negocio y manteniendo la cercanía con los vecinos del sector.

Tras conocerse su muerte, decenas de mensajes comenzaron a circular en redes sociales, donde amigos, familiares y conocidos lamentaron la partida de una mujer que, según expresaron muchos, representaba la esencia popular y alegre del tradicional barrio samario.

La comunidad de Pescaíto también recordó que Soledad Curvelo hizo parte de una generación de mujeres trabajadoras que durante décadas sostuvieron a sus familias a través de pequeños negocios informales, convirtiéndose además en figuras emblemáticas dentro de la identidad cultural del sector.

Hoy, sus hijos, nietos, familiares y allegados enfrentan el dolor de su partida, mientras en las calles del barrio muchos continúan evocando anécdotas, risas y momentos compartidos junto a la mujer que terminó siendo inmortalizada no solo en una canción, sino también en la memoria colectiva de Santa Marta.

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