A dos semanas de la primera vuelta presidencial, Colombia se acerca a una decisión que va mucho más allá de escoger un nuevo gobierno. Me pregunto si no estamos, en realidad, ante uno de esos momentos en que un país puede terminar equivocando gravemente el rumbo.
No exagero al decir que ciertas apuestas ideológicas ya han demostrado, dentro y fuera de América Latina, su incapacidad para generar prosperidad, libertad y estabilidad institucional. Cuando los errores de fondo se vuelven sistema, los daños terminan tomando décadas en corregirse.
Si decidimos preservar una democracia abierta, el pluralismo político, las libertades económicas y una sociedad capaz de progresar desde la iniciativa privada, el país tendrá entonces que preguntarse qué tipo de liderazgo necesita para enfrentar un mundo cada vez más complejo y exigente.
El próximo presidente requerirá criterio, firmeza y capacidad real de gobierno. Y en un mundo crecientemente interdependiente, las decisiones internas terminan inevitablemente conectadas con el escenario internacional. La política contemporánea ya no se limita a resolver problemas domésticos y mediáticos. También exige comprender un orden global en transformación, donde las rivalidades entre potencias no excluyen la cooperación cuando el interés nacional así lo aconseja.
Desde mi experiencia en el estudio de las relaciones de Colombia con Asia, me resulta llamativo que, a pocos días de la elección, continúe ausente una reflexión seria sobre la relación de Colombia con China. Se discuten asuntos urgentes -seguridad, salud, empleo, educación-, pero casi nada se dice sobre una relación internacional que podría contribuir de manera sustancial al crecimiento económico, la infraestructura y la modernización productiva que tanto necesita el país para consolidarse como una nación competitiva en los escenarios internacionales.
Mientras buena parte de nuestra dirigencia política permanece anclada en cálculos de corto plazo, el escenario internacional ofrece lecciones de pragmatismo. La reciente visita de Estado de Donald Trump a Beijing y su encuentro con Xi Jinping muestran a las dos principales potencias del mundo procurando gestionar sus posiciones de disenso sin renunciar a espacios de entendimiento económico y tecnológico, pese a unos diferendos de intereses geopolíticos que, al menos por ahora, parecen administrarse con pragmatismo. Que ambos colosos procuren reducir diferencias y avanzar en cooperación económica, tecnológica y global es un mensaje que Colombia haría mal en ignorar. El mundo entero se beneficiará de un mejor entendimiento entre Estados Unidos y China.
China ya no es para Colombia una realidad distante. Desde hace más de una década ocupa el segundo lugar entre nuestros socios comerciales y se ha consolidado como el principal origen de importaciones y uno de los destinos más importantes de nuestras exportaciones. Su experiencia en infraestructura de transporte, transición energética, energías renovables, agua potable, telecomunicaciones e industrialización ofrece oportunidades que Colombia debe saber aprovechar.
No es casual que Trump hubiese viajado a Beijing acompañado por algunos de los más influyentes líderes empresariales de Estados Unidos, entre ellos Elon Musk, Tim Cook y Jensen Huang. Mientras la política suele exagerar diferencias, las economías más fuertes del mundo continúan buscando asociaciones, inversiones recíprocas y proyectos conjuntos de desarrollo tecnológico e industrial.
Observo que, últimamente, la figura de Abelardo De La Espriella se viene perfilando, para muchos colombianos, como una posible respuesta al desconcierto nacional. Muchos empiezan a ver en él no solo la firmeza de carácter que lo hizo conocido, sino también un dirigente con creciente madurez política y vocación de gobierno. A ello se suma José Manuel Restrepo Abondano, cuya experiencia de Estado, rigor técnico y conocimiento económico complementan una fórmula que hoy el país reclama. En lo personal, no encuentro claramente representado ese equilibrio en ninguna otra candidatura.
Cuando las naciones atraviesan tiempos inciertos, suelen buscar algo elemental, la tranquilidad de sentir que alguien sabe hacia dónde conducir el rumbo.
*Economista*Analista internacional.

