La estatal PDVSA confirmó que en la mañana de este viernes se registró una fuerte explosión en la Planta de Compresión Lamargas, una instalación petrolera lacustre ubicada en el Bloque 5 del lago de Maracaibo, en el estado Zulia.
Tras la detonación, las brigadas de emergencia de la corporación activaron los protocolos de seguridad industrial para proceder con la evacuación preventiva de todo el personal operativo y asegurar las instalaciones colindantes.
El reporte de la petrolera confirmó que el incidente dejó un saldo de seis trabajadores lesionados, atendidos de forma inmediata por los equipos de salud y asistencia logística desplegados en la zona del siniestro.
La dirección de la estatal anunció la creación de un Comité Técnico que se encargará de investigar las causas del accidente, y aclaró que la afectación en esta planta no compromete la continuidad ni el volumen de las operaciones de extracción y transporte de petróleo y gas en la región de Occidente.
Este incidente vuelve a poner el foco sobre el complejo estado actual de la infraestructura petrolera en Venezuela, que ha venido mostrando una paulatina y frágil recuperación operativa.
De acuerdo con informes de agencias internacionales de energía y firmas de consultoría sectorial, tras años de profunda contracción por desinversión, sanciones económicas y pérdida de personal técnico, PDVSA ha logrado estabilizar su producción —alcanzando promedios cercanos a los 900.000 barriles diarios— mediante alianzas estratégicas internacionales y reparaciones focalizadas en campos clave.
Sin embargo, analistas y expertos energéticos independientes advierten que la red de refinerías, plantas compresoras de gas y terminales marítimas en regiones históricas como la cuenca del Lago de Maracaibo aún presenta un rezago estructural significativo y requiere de inversiones multimillonarias a largo plazo para superar problemas crónicos de mantenimiento, minimizar los accidentes industriales y reducir los impactos ambientales por fugas y derrames de crudo

