En el marco del Día Internacional del Trabajo y de la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, que se realiza en Santa Marta, trabajadores y organizaciones sindicales colombianas están llevando una advertencia clara a uno de los escenarios más relevantes del debate energético global: la transición ya está ocurriendo, pero no está garantizando todas las condiciones para quienes dependen de estos sectores.
La transición energética, es decir, el paso de economías basadas en carbón, petróleo y gas hacia energías renovables, no es solo una meta ambiental. En Colombia, ya está teniendo impactos directos en el empleo y en la estabilidad de regiones enteras.
En territorios como Guajira, Cesar y Boyacá. Entre 2014 y 2024, el carbón se consolidó como el mineral de mayor valor en las exportaciones de Colombia. En particular, durante 2024 alcanzó un valor FOB cercano a los 6.000 millones de dólares, superando en aproximadamente 1.700 millones de dólares al oro, que ocupó el segundo lugar entre los minerales con mayores ingresos por exportación (DIAN, 2025).
En este contexto, líderes sindicales de los sectores minero, energético y eléctrico están posicionando un mensaje contundente: la transición no puede medirse únicamente en metas climáticas o capacidad instalada de energías renovables. Debe medirse también en capacidad de diversificar las economías locales y garantizar trabajo digno y estable.
“No nos oponemos a la transición energética. Pero no puede hacerse a costa de los trabajadores ni de los territorios que han sostenido este país y este modelo durante décadas”.
Igor Díaz, del Centro de Investigación e Innovación, Cipame, desde los trabajadores para una transición energética.
RECONVERSIÓN LABORAL
“Uno de los principales retos es lo que se conoce como reconversión laboral, es decir, el proceso mediante el cual los trabajadores pueden adquirir nuevas habilidades y encontrar oportunidades en otros sectores. Sin embargo, en la práctica, estos procesos siguen siendo limitados frente a la velocidad de los cambios”, sostiene la información.
Mientras se proyecta la creación de nuevos empleos en energías renovables, en los territorios la realidad ya es tangible: pérdida de ingresos, incertidumbre y ausencia de alternativas claras. Por ejemplo, se proyecta que, para el año 2035, el departamento de Boyacá enfrentará una pérdida acumulada de aproximadamente 24,000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos, debido al declive en la actividad carbonífera.
Por ello, sindicatos y organizaciones de trabajadores estamos exigiendo medidas concretas:
– Participación efectiva en las decisiones que impactan sus comunidades
– Una hoja de ruta clara para la transición laboral y productiva
– Programas de formación alineados con las realidades territoriales
– Financiamiento para nuevas actividades productivas
Porque lo que está en juego no es solo el cambio de matriz energética, sino la sostenibilidad económica y social de regiones completas.
Pero en medio de este panorama, algo distinto también está pasando. Los trabajadores no solo están exigiendo ser escuchados, están encontrando nuevas formas de hacerse oír.
“Hemos estado en espacios como la COP y otras conferencias internacionales, pero muchas veces no tenemos voz. Por eso decidimos capacitarnos en comunicación, sumarnos a campañas y aprender incluso a hacer videos y reels. No queremos que nuestra voz se quede por fuera”, sostuvo Díaz.
Finalmente, se conoció que, este cambio marca un punto de inflexión: los trabajadores no sólo están participando en la conversación, están proponiendo y aprendiendo a contarla. Porque si, la transición también se disputa en lo público, en lo digital y en la narrativa, quedarse en silencio ya no es una opción.

