Entre las Calles 6 y 7 con la carrera 16 del barrio 20 de Julio, está ubicada la bonga que viene siendo talada, tras una decisión judicial que determinó que su estado deteriorado representa un riesgo para los vecinos. /MONTINER ALVIS
Curiosos y vecinos observaron con nostalgia, pero también el alivio en algunas caras era notable, por el peligro que aseguraban representaba la bonga para sus viviendas.

Sobre la carrera 16 con entres calles 7 y 6 en el sector de 20 de Julio, los locales de mecánica, venta de comida, estaderos y restaurantes, además de los moradores de ese populoso sector, hoy ya no cuentan con la sombra de uno de los vecinos más antiguos de ese sector: la Bonga. Se lo han llevado ´al más allá´. Era un peligro silencioso, cuyo acecho no solo despertaba temor sino que generaba miedo, incertidumbre, por cuanto en cualquier momento podría desatar una tragedia. Y la justicia actuó correctamente al amparo del derecho de la previsión ante un inminente peligro, en esta ocasión latente y genuino.
El que por años fue sinónimo de referencia para vecinos de otros sectores, “llega a la bonga y camina dos cuadras” o “por la bonga cruzas a mano derecha”, ese mismo árbol que fue testigo de cientos de cumpleaños, diciembres, fiestas y momentos buenos y malos, fue talado por una orden judicial.

Fue precisamente ayer 12 de marzo, que inició la tala del emblemático árbol, ubicado en la carrera 16 del barrio 20 de Julio, tras una decisión judicial que determinó que su estado deteriorado representa un riesgo para los vecinos.
La orden fue emitida por el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Santa Marta, luego de que varias familias presentaran tutela preocupadas por la seguridad de sus viviendas.
De acuerdo con el informe de los especialistas, el árbol registraba un ahuecamiento basal con necrosis del tejido leñoso y cavidades posiblemente generadas por hongos xilófagos, condiciones que comprometían su estabilidad mecánica. Según el diagnóstico, este deterioro incrementaba la probabilidad de colapso, especialmente durante episodios de fuertes vientos o lluvias.
LOS VECINOS
La decisión tomada por la togada Ana Joaquina Cormanes Goenaga, juez 01 Penal del Circuito Especializado de Santa Marta, se hizo con base en la tutela interpuesta en su despacho por María Rico de Montero, Alberto Bueno Páez, Lined Bueno Rojas, Zulma Daza de Lima, Fredy Serrano Severiche, Yaleisy Rojas y William Enrique Navarro.

Uno de los vecinos, el señor Roberto Bueno, aseguró que desde hace mucho tiempo se debió hacer un control para que no perjudicara a las comunidades cercanas y evitar que se llegara al extremo de la tala.
“Yo considero que es un árbol al que debieron cuidar más para que no perjudicara a los vecinos, este es el sitio de referencia de nuestra comunidad y la verdad es que este árbol se veía que aún tenía vitalidad”, precisó.
Jaleisis Rojas, vecina de la comunidad, accionante de la tutela que ordenó la tala del árbol aseguró que, “nosotros no lo decidimos solos, manifestamos nuestros miedos, las vivencias, los roedores, las radas, las tuberías se tapan; nosotros estamos siendo perjudicados, pero vecinos sufriendo y en un pasado quisimos que se recuperara y se controlara esta situación”.
“Alrededor de las casas se tapan las tuberías, las casas y los vecinos están sufriendo. Yo soy una mujer que está pendiente, cuidando el medio ambiente, pero es que no soportamos más, y no es mentira, estamos tristes”, agregó la señora Rojas.

Luis Fernando Sánchez, el ‘Pica’, aseguró que desconocía de estudio ambiental del árbol, y lo que se conoce la decisión de un juez.
El líder emitió una reflexión y un cuestionamiento: “Si la Bonga muere, muere la memoria del barrio 20 de julio, si cortan sus raíces también cortan nuestras raíces históricas. ¿Para dónde va una ciudad si la única opción es talar sus árboles centenarios?”.
El edil de la Localidad 2, Efraín Castillo aseguró que, pese a que es una decisión difícil, primero está la comunidad.
“Una decisión difícil, pero cuidar el medio ambiente también significa actuar con responsabilidad cuando una situación puede poner en peligro a la comunidad. En el barrio 20 de Julio, en el sector conocido como La Bonga, vivimos una situación que toca el corazón de muchos vecinos. Allí se encuentra un árbol que durante años ha sido parte de la historia del sector, testigo del crecimiento del barrio, de encuentros entre vecinos y de muchas generaciones que han pasado por ese lugar. Sin embargo, hoy debemos enfrentar una realidad: por orden judicial y debido al riesgo que representa ante los fuertes vientos, este árbol debe ser talado para evitar una posible tragedia”, indicó el edil.

Añadió el representante de la JAL, que, “sabemos que los árboles son vida, que son parte fundamental de nuestro entorno y que debemos proteger el medio ambiente. Pero también debemos entender que la vida y la seguridad de las personas siempre deben ser la prioridad. Esta no es una decisión contra la naturaleza, es una decisión para prevenir un riesgo y proteger a las familias que viven en este sector. Hoy despedimos un árbol lleno de historia, pero lo hacemos con la tranquilidad de saber que lo más importante es preservar la vida de nuestra gente”.
EL PROCESO ES GRADUAL
Mientras algunos vecinos consideran que la tala era necesaria para evitar una tragedia, otros sostienen que el árbol terminó pagando las consecuencias del crecimiento desordenado de la ciudad.
Lo cierto es que la decisión judicial ya marcó el desenlace: la bonga centenaria del barrio 20 de Julio será talada, cerrando un capítulo que deja abierta una pregunta incómoda para Santa Marta: qué debe pesar más cuando la ciudad crece, la seguridad inmediata o la protección de su patrimonio natural.

El procedimiento está a cargo del Departamento Administrativo Distrital de Sostenibilidad Ambiental, Dadsa y se realiza de manera gradual para minimizar cualquier peligro durante la intervención. La medida cuenta con el acompañamiento de entidades como la Alcaldía de Santa Marta, el Ministerio de Ambiente y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres.
La evaluación también concluyó que alternativas de conservación como sellados o rellenos del tronco no eran viables, debido a que este tipo de tratamientos no restablecen la resistencia estructural del árbol cuando existe un nivel avanzado de deterioro en su base. Además, se advirtió que la cercanía de la ceiba a viviendas, techos, cableado eléctrico y zonas de tránsito peatonal aumentaba el riesgo para los habitantes del sector.

