Fuentes citadas por medios internacionales señalan que Ali Jamenei habría dejado preparados escenarios de reemplazo para distintas posiciones estratégicas, con el objetivo de impedir fracturas en la estructura militar y gubernamental.
La muerte de Ali Jamenei sacude el corazón del poder en Irán. El fallecimiento del líder supremo ocurre en medio de ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel, lo que no solo abre un vacío político interno, sino que incrementa el riesgo de una escalada regional.
En cuestión de horas, el sistema iraní puso en marcha el mecanismo previsto en su Constitución para evitar un colapso institucional.
De acuerdo con la BBC, el poder queda temporalmente en manos de un consejo conformado por tres figuras clave del Estado:
El sistema iraní establece que la decisión final recae en la Asamblea de Expertos, un cuerpo de 88 clérigos chiítas elegidos cada ocho años. Sus deliberaciones son cerradas y su poder es determinante.
Según explicó France 24, el nuevo líder supremo debe ser obligatoriamente un clérigo bajo el principio del vilayat-e faqih, doctrina que sostiene que el poder político debe recaer en un jurista islámico hasta el regreso del imán oculto.
En la práctica, esto significa que no cualquier político puede aspirar al cargo. Debe contar con autoridad religiosa reconocida y respaldo dentro del núcleo clerical más influyente.
Aunque oficialmente no hay candidato proclamado, varios perfiles concentran la atención dentro y fuera de Irán.
El hijo del líder fallecido aparece como una figura con influencia interna significativa.
Es clérigo chiita y ha mantenido un rol activo dentro de los círculos religiosos y políticos, aunque nunca ha ocupado cargos públicos formales. Su cercanía al poder durante años le habría permitido tejer relaciones clave con sectores conservadores y con estructuras de seguridad.

