Las chivas rumberas son el alma de la ciudad al caer la noche; un recorrido lleno de color donde propios y visitantes se unen en una sola voz para cantar y bailar.
Recorrer Santa Marta en una ‘chiva rumbera’ es sumergirse en una atmósfera de celebración constante. Este servicio, preferido por cientos de turistas, ofrece una perspectiva única de la ciudad, entre luces de colores y ritmos tropicales, los pasajeros disfrutan de un trayecto diseñado para el sano esparcimiento y la integración.
El itinerario no solo destaca por la música, sino también por sus paradas estratégicas. La más icónica de ellas es frente al Estadio ‘Eduardo Santos’, donde se erige la imponente estatua de Carlos «El Pibe» Valderrama. Allí, entre risas y flashes, los visitantes rinden tributo a la identidad deportiva de la región.
La alegría que se percibe en cada esquina al paso de la ‘chiva rumbera’, es el reflejo de la hospitalidad y el espíritu festivo que caracteriza a esta capital caribeña.
Para los operadores turísticos, este servicio representa la esencia de la «samariedad», un espacio donde la brisa marina, la música y la buena compañía se fusionan para crear recuerdos imborrables.
Las chivas rumberas, son autobuses típicos de Colombia, los cuales han sido adaptados de forma artesanal para el transporte público.
“En Santa Marta, una de las promotoras de este medio de transporte cultural fue la señora Julita Rodríguez Muñoz (q.e.p.d.), quien transformó un camión en una llamativa ‘chiva rumbera’, la cual dio origen a las primeras chivas rumberas en esta zona del país.
Sin duda, la ‘chiva rumbera’ sigue siendo el símbolo de una ciudad que sabe recibir a sus visitantes con los brazos abiertos y el corazón lleno de ritmo.

