Aquellos que pastan en el presupuesto

La expresión es de Benito Pérez Galdós, el gran novelista canario autor de los “episodios nacionales”.
Todos los analistas serios de la calamitosa situación fiscal que vive el país, coinciden en que el mal de fondo proviene de la excesiva población de burócratas que “pastan en el presupuesto nacional” en la administración Petro, Y sobre la cual nada ha hecho este gobierno para moderarla. Por el contrario: la sigue aumentando vertiginosamente.
Según datos oficiales del Secop las OPS, (órdenes por prestación de servicios) que es la modalidad más fácil para crear burocracia, han pasado desde el 7 de agosto del 2022 al 30 de junio de 2025 a 418.805. Es decir, al terminar el gobierno Petro no sería descabellado pensar que se habrán creado no menos de medio millón de empleos bajo esta modalidad.
Y Fedesarrollo agrega que en este solo 2025 la burocracia viene creciendo a un febril ritmo del 28% con un costo presupuestal de $ 10 billones en este año.
Con este desvergonzado crecimiento burocrático que trae la administración Petro, no hay reforma tributaria que aguante ni gobierno que disponga de autoridad para recabar de los contribuyentes más impuestos.
Las cuentas presupuestales para el 2026 parecen estar -además del exceso burocrático que entrañan- más descuadradas que la aritmética de la lechona que presentó Petro en el Japón.
Según el Comité Autónomo de la Regla Fiscal, el recorte que debe hacérsele al proyecto de presupuesto 2026 tendría que ser del orden de $46 billones, para que me dio cuadren las cuentas.
De otra parte, recordemos que en el 2025 se debieron hacer importantes recortes de gastos que no se hicieron: simplemente se aplazaron. Pero como aplazamiento no es igual a recorte, las normas del Estatuto Orgánico del presupuesto disponen que de un año a otro no pueden pasar como reservas de apropiación más del 15% del presupuesto básico. Y que, si tal cosa sucede, obligatoriamente las partidas aplazadas deben convertirse en recortes efectivos de gastos.
Y resulta que los aplazamientos del 2025 superan ampliamente el programa de gastos previsto para el año entrante. Con lo cual, se concluye, que los gastos que figuran en el proyecto de presupuesto para el 2026 forzosamente deben reducirse. Así lo ordena el artículo 78 del Estatuto Orgánico del Presupuesto (Decreto 111 de 1996) el doctor Pedro Nel Ospina acaba de presentar una importante solicitud en tal sentido ante el ministerio de Hacienda.
De manera que por cualquier lado que se le mire está complicado el panorama presupuestal del 2026. No solo porque demasiados burócratas están pastando en la dehesa de las cuentas públicas sino porque el exceso de partidas aplazadas que pasan del 2025 al 2026 deben traducirse en reducción de gastos, y finalmente, porque la incertidumbre de que se apruebe una nueva reforma tributaria de más de $26 billones exige que el monto del presupuesto para el año entrante se recorte sensiblemente.
En pocos días habrán de decidir las comisiones económicas del Congreso cuál es el monto máximo del presupuesto del año entrante. Ojalá no interfiera el cumplimiento de esa tarea un inaceptable capricho presidencial -como aconteció el año pasado- atravesándose a cualquier recorte en el monto del presupuesto, lo que condujo a adoptar por decreto el proyecto de presupuesto cuando ni siquiera había terminado su discusión y mucho menos la aprobación de la ley de financiamiento.
*Exministro de Estado

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