El deplorable ‘espectáculo’ de los contenedores deteriorados y con basuras regadas se ha convertido en el paisaje que contamina la ciudad.
El comercio organizado de la ciudad, los usuarios, el sector turístico, líderes sociales y comunidad en general expresaron ayer su indignación contra la empresa Atesa que tiene convertida la ciudad en un basurero a cielo abierto. ´Sentimos ‘pena ajena’ con los visitantes nacionales y extranjeros por la inmundicia que se aprecia a lo largo de la Avenida del Ferrocarril, más exactamente en las zonas en donde hay contenedores rebosados de basuras´, dijeron líderes sociales y veedores ciudadanos.
La preocupación aumenta en los denominados puntos críticos ya que no se adoptan los correctivos necesarios por parte de la compañía responsable y al contrario se agrava la situación.
El deplorable ‘espectáculo’ de los contenedores deteriorados y con basuras regadas se ha convertido en el paisaje que contamina la ciudad, pero además ahora también son escombreras ‘a cielo abierto’ lo que desnuda la cruda realidad sobre el inadecuado uso de dichas estructuras.
La falta de cultura ciudadana y de sanciones a las personas sin sentido común ni cívico que arrojan restos de materiales de construcción, bloques, enchapes e incluso poda de árboles ha incidido notablemente en agravar la problemática.
A pocos metros del Rumbódromo, en la zona donde funcionó Molinos Santa Marta, hay dos contenedores bastante deteriorados con residuos sólidos regados como plásticos, colchonetas, vidrios, bloques y otros desperdicios, los cuales son un foco de contaminación. Situación similar se registra cerca al Bienestar Familiar y al Sena comercial, en donde la comunidad estudiantil de aprendices, docentes y directivos claman por una pronta solución.
PARQUE SESQUICENTENARIO
A un lado del parque Sesquicentenario ubicado entre las calles 14 y 15 con Av. del Ferrocarril, existe otro punto crítico con cuatro contenedores todos colapsados por el desbordamiento de desechos, pero, además un sitio de confluencia de recicladores, algunos de ellos que hacen su labor a la intemperie, mientras otros consumen sustancias ilícitas en plena vía pública.
El emblemático parque con zona de juegos infantiles, cancha deportiva y máquinas biosaludables para ejercicios ha perdido interés entre los residentes y la comunidad cercana porque no ofrece una buena percepción de seguridad con los nuevos ‘inquilinos’.
Más adelante, junto al CAI del mercado público, está otro gran basurero sin control ni solución. Contenedores vandalizados sin tapas ni ruedas y deteriorados con un montón de ramas, aserrín, retazos de Eternit, láminas de drywall y otros desperdicios.
El deprimente panorama que se advierte es lamentable y prácticamente se ha incorporado a la cotidianidad de los samarios, residentes, visitantes, comerciantes y trabajadores de la zona, pero quienes no pierden la esperanza de que alguna autoridad ‘meta en cintura’ o atese a las directiv

