No hay dudas que este señor vestido de negro es un atentado para el fútbol y el propio espectáculo. Lo que hizo el señor Jhon Ospina el domingo en Santa Marta denota lo pésimo que está el arbitraje colombiano, guiado por unos elementos con pinta de siniestros, que sin escrúpulo alguno se prestan para todo. Léase bien, para todo lo que usted amigo lector se imagine.
Es normal que un árbitro se equivoque y lo haga de buena fe. Pero no con intenciones de perjudicar a un equipo o de hacerlo por interés. ¿Motivado por qué?. Por algo. Y ese algo póngale usted el nombre que quiera. Pero Ospina fue perverso, vengativo, dadivoso con el rival de Unión, perseguidor y ejecutor de unas normas que las interpretó de manera acomodaticia.
Veamos: América de Cali aseguró su clasificación a los cuadrangulares de la Liga. Con un empate, el equipo se quedó con el lugar dentro de los 8, cuando Unión Magdalena era el único que podía sacarlos. Si el equipo samario ganaba, se metía, pero el empate mantuvo a los escarlatas que contó con la complicidad de Jhon Alexander Ospina, árbitro central del compromiso.
Durante los 90 minutos se presentaron jugadas polémicas que no supo lidiar el juez del compromiso, como las reiteradas faltas contra Ricardo Hinojosa.
Una de esas jugadas fue cuando Daniel Mosquera recibió en el área, lo tocaron desde atrás y terminó cayendo. Desde el VAR llamaron al central Jhon Ospina para que revisara 3 posibles situaciones en esta acción: una mano de Kevin Andrade previa, falta previa de Andrade sobre Ricardo Márquez, y finalmente la infracción en sí. Después de varios minutos mirando el monitor, se decretó que no fue penal.
¿La razón? Según Jhon Ospina, ni siquiera hubo falta sobre el delantero de América. A pesar de que le cruzan el pie cuando se iba a girar dentro del área, se sancionó que ya estaba cayéndose y no le dieron el penal al conjunto rojo. Con esto, el juego terminó empatado 0-0, con grandes actuaciones de Graterol, pero que al final le sirvió al equipo de Alexandre Guimarães para estar en los 8.

