Las buenas relaciones entre de Abelardo De La Espriella y Donald Trump contrasta de sobremanera ante la poca fluidez que ha tenido con el Partido Demócrata, hecho que ahora pudiera generar mayores complicaciones para el país, tras estos resultados.
Un vuelco total se ha vivido en los Estados Unidos tras las elecciones de medio término. Los demócratas han arrasado en una noche fatídica para el presidente, Donald Trump; el partido azul ha recuperado el control del Senado y de la Cámara de Representantes y este resultado impone nuevos retos para Colombia.
Las buenas relaciones entre de La Espriella y Trump contrasta de sobremanera ante la poca fluidez que ha tenido con el Partido Demócrata, hecho que ahora pudiera generar mayores complicaciones para el país, tras estos resultados.
No es solo un golpe interno para Trump, que ya reconoció el resultado y admitió que va a tener que trabajar con los demócratas; también podría marcar un mayor control a las políticas en torno al gasto público y ejercer mayor control en la agenda de seguridad que impulsó la Casa Blanca en toda la región, como el caso del despliegue militar en el marco del Escudo de las Américas.
«La victoria demócrata en las elecciones de medio término constituye un verdadero plebiscito sobre la gestión de Donald Trump y plantea enormes desafíos políticos e institucionales para los dos últimos años de su mandato», explicó el internacionalista Jorge Yarce-Tamayo.
RELACIONES BIPARTIDISTAS
Desde la campaña presidencial, de la Espriella siempre demostró su apoyo irrestricto a Trump. Incluso, se reunió con gran parte del ala republicana representada por María Elvira Salazar y Christopher Landau.
Las pocas relaciones con los demócratas se vieron evidentes unas semanas atrás, cuando varios congresistas de esa bancada enviaron una carta al secretario de Estado, Marco Rubio, expresando sus «serias preocupaciones» ante el eventual regreso de las fumigaciones aéreas que ha ordenado de la Espriella para combatir los cultivos de coca.
En el pronunciamiento pidieron retirar cualquier apoyo financiero o logístico a la reanudación de fumigaciones aéreas, ante posibles efectos sobre el medio ambiente y la salud humana.
A esto se suman los cuestionamientos del demócrata Gregory Meeks, al rechazar el apoyo expresado públicamente por de la Espriella a la campaña de la republicana María Elvira Salazar en La Florida.
Incluso, muchos sectores sacaron a la luz varios mensajes del hoy canciller Omar Bula, quien califica a los demócratas de delincuentes, los acusa de haberse robado las elecciones, describe esa bancada como una «porquería», «extrema izquierda» y socialista.
Ante esto, la nueva premisa del gobierno colombiano es empezar a tejer nuevos puentes con los demócratas y no perder el apoyo que Estados Unidos da a Colombia, y que no dependen directamente de Trump. Las acciones deberán asumirlas la embajadora de Colombia en Estados Unidos, María Consuelo Araujo, el Canciller y el mismo presidente de la Espriella.
Este cambio incluye recuperar la confianza de los demócratas y las relaciones bipartidistas de Colombia, sino que además llevar a resultados concretos los acercamientos y las gestiones diplomáticas con el partido azul.
«La recuperación del Senado y el avance hacia el control de la Cámara de Representantes abren un nuevo escenario de confrontación institucional: continuidad de la agenda presidencial, control político y fiscal sobre el Gobierno, eventuales procedimientos de juicio político (impeachment) y posibles cambios de orientación en las relaciones internacionales de Estados Unidos», afirmó Yarce.
Sobre esta nueva postura ya dio algunas luces el exministro del Interior Rodrigo Lara, quien hizo un llamado al Gobierno del que hizo parte, «a ser cauto y no dividir», entendiendo la nueva realidad política en los Estados Unidos.
«De alguna manera los electores pueden conectar con un estilo que desune y polariza, pero siempre van a buscar algo más. Las campañas se arman y se atrincheran con polarización; los gobiernos tienen el deber de unir», señaló Lara.
Y agregó que «las controversias culturales son gritos de guerra de campaña y, en el fondo, problemas artificiales, sobre todo en sociedades con apego a la libertad, donde prevalece por consiguiente la moderación y la tolerancia”.

