Reconstruir con intención

La semana pasada, en Cali, mi ciudad, tuve la oportunidad de participar en el VI Encuentro de Mujeres en Juntas Directivas. El sismo estuvo a punto de impedirlo, pero más de 700 mujeres líderes de Colombia, México y Ecuador decidieron encontrarse. Creado por el CESA con el liderazgo de María Andrea Trujillo y Alexander Guzmán, referentes del Gobierno Corporativo en Colombia, este encuentro se ha ganado un lugar entre los espacios más relevantes de la región.

En medio de un país que apenas comienza a dimensionar los efectos del terremoto, reunir a tantas mujeres de áreas corporativas para hablar de liderazgo, es una manera de decir que la crisis de la situación no puede paralizar nuestra capacidad de pensar y de actuar, más en un contexto en el cual se soporta la reunión en Cali, reafirmando que las empresas no ocupan solo un mercado, ocupan un lugar en la sociedad.

Hablar allí del cuidado de las personas, la salud mental, el tejido social y la memoria institucional adquiere otro peso. Es hacer algo que las crisis exigen, como detenerse a pensar qué viene después. Y ahí aparece una palabra clave que debe estar en el centro de lo que reconstruimos. Anticipar.

Durante una emergencia hay que responder. Rescatar, atender heridos, garantizar agua, alimentos, alojamiento, seguridad. Pero un mes después la pregunta es otra. ¿Qué necesitan estos territorios dentro de 10 meses, dos años y diez años?

Anticipar significa hacer esas preguntas antes de reconstruir. Si una escuela fue destruida, podemos levantar el mismo espacio o preguntarnos qué necesitarán los jóvenes para mejores oportunidades. Si una vivienda se perdió, podemos reponerla o pensar en su ubicación, acceso a servicios, transporte, educación y empleo. Reconstruir bien es tomar decisiones desde la visión, no solo desde la urgencia. Si reconstruimos exactamente lo que había, reconstruimos también vulnerabilidades y se pierde la visión del desarrollo territorial.

La reconstrucción física y social deben avanzar juntas. Una carretera conecta, pero son las personas y la actividad económica las que le dan sentido. Un colegio es infraestructura, pero son los maestros, familias y estudiantes quienes construyen comunidad. Una vivienda protege, pero son las capacidades de la familia las que le permiten recuperar su proyecto de vida.

Ahí aparece el capital humano, la capacidad de las personas para aprender, decidir, trabajar, emprender y resolver problemas. En una tragedia, fortalecer esas capacidades debe ser tan importante como reconstruir la edificación.

Anticipar también significa no esperar instrucciones para actuar. Durante la emergencia, hay personas y empresas que identifican necesidades y actúan sin que alguien les diga exactamente qué hacer. Ponen recursos, conocimiento y gestión al servicio de los territorios. Esa capacidad de actuar anticipadamente es un activo social que la reconstrucción debe aprovechar.

Al Gobierno le corresponde coordinar desde los territorios y generar incentivos para la participación particular. A los empresarios, escalar esa capacidad de visionar, actuar, invertir con mirada de largo plazo. A fundaciones y organizaciones sociales, convertir la participación en liderazgo, formación y confianza permanentes. A los ciudadanos, participar, proponer y hacer veeduría.

En esa matriz de procesos y acciones que se genera, no solo responde a la coyuntura. Se trata de preguntarnos qué capacidades queremos que queden instaladas cuando termine la emergencia, en cada uno de los territorios afectados.

Las grandes reconstrucciones, como las que necesita ahora Colombia, no se miden solamente por cuánto dinero se invierte, cuántas viviendas se entregan o cuántas obras se terminan. También se miden por el número de personas con más capacidades, comunidades con mayor confianza, territorios mejor preparados para el próximo desafío y mayor conexión ciudadana.

Ahí siento la conexión más profunda entre aquel encuentro de liderazgo en Cali y el compromiso para la reconstrucción que hoy necesita Colombia. Liderazgo que anticipa, que mira más allá de la emergencia, que decide cómo reconstruir antes de que las viejas estructuras se endurezcan. Las crisis obligan a responder desde el rol que cada uno tiene en la sociedad, no solo desde el Estado, pues es imposible que lo logre solo. Aprender a anticiparse es lo que diferencia una reconstrucción que transforma de una que solo repara. Eso es lo que Colombia enfrenta ahora.

*Exdirectora del ICBF

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