Estás Vivo. ¡hay esperanza! Tu vida tiene sentido

Por:
GIULIANA MANCUSO

¿Pensaste que estar vivo era solamente reír, pasarla rico, ver todo de colores, no enfrentarte a ninguna situación difícil y caminar por un terreno plano, sin altos ni bajos?

Tal vez nadie nos explicó que vivir también significa tropezar, sentir miedo, llorar, equivocarnos, perder personas, atravesar momentos que parecen demasiado grandes para nuestras fuerzas.

Vivir no siempre se siente bonito. Pero eso no significa que la vida no sea hermosa. Vivir viene acompañado de retos y de obstáculos gigantes que, aunque muchas veces no lo entendamos en el momento, pueden convertirnos en los mejores atletas de nuestra propia carrera.

Porque sí, estás en una carrera. Y no tienes que correrla siempre a toda velocidad. Habrá días en los que sentirás que puedes con todo. Días de colores, de risas, de abrazos, de sueños y de ganas de comerte el mundo.

Pero también habrá días oscuros. Muy oscuros. Días en los que levantarte de la cama será un esfuerzo. Días en los que sentirás que nadie te entiende, que estás solo, que el futuro no tiene sentido o que ese dolor nunca va a terminar. Y quiero decirte algo: ese sentimiento puede cambiar.

Lo que hoy parece una montaña imposible de subir puede verse diferente mañana. Lo que hoy duele profundamente no necesariamente tendrá el mismo peso para siempre.

Por eso, si eres joven y estás atravesando un momento difícil, no tomes una decisión definitiva desde un dolor que puede ser temporal. Habla.

Habla con tu mamá, con tu papá, con un hermano, un amigo, un profesor, un psicólogo, un adulto de confianza. Busca ayuda profesional. Si no sabes cómo explicar lo que sientes, empieza simplemente diciendo:

“No estoy bien y necesito que alguien me acompañe”. No tienes que tener las palabras perfectas. Y si alguien que quieres está más callado de lo normal, se está alejando, parece estar sufriendo o dice que ya no quiere seguir, no ignores esas señales. Pregunta. Acércate. Escucha.

A veces, salvar un día puede comenzar con algo tan sencillo como sentarse al lado de alguien y decirle: “Estoy aquí. No tienes que pasar por esto solo.”

También quiero decirte algo a ti, que quizás estás mirando estas palabras desde un momento de profundo dolor: Tu vida vale mucho más que este capítulo.

Todavía hay conversaciones que no has tenido. Lugares que no has conocido. Personas que no han llegado. Abrazos que todavía no has recibido. Sueños que aún no sabes que vas a cumplir.

Hay una versión de ti que todavía no conoces. No te vayas antes de conocerla. Y si hoy no puedes ver la luz, permite que alguien camine contigo hasta encontrarla.

Pedir ayuda no te hace débil. Llorar no te hace débil. Decir “no puedo” no te hace débil.

A veces, la verdadera valentía está precisamente en reconocer que necesitamos una mano que nos ayude a levantarnos. No abandones la carrera por un día difícil.

Respira. Quédate. Habla. Pide ayuda. Permite que te acompañen. Porque todavía hay esperanza. Porque todavía hay camino. Porque todavía hay mucho por vivir. Estás vivo. Y mientras estés vivo, la historia todavía puede cambiar.

Si hoy no encuentras una razón para seguir, quédate hasta que podamos encontrarla juntos. Porque tu vida importa. Estás vivo. Hay esperanza. Y todavía hay mucho por vivir.

Mi reflexión:  Dios está contigo, Dios te acompaña, y Dios llena todo tu corazón Alma y espíritu.

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