Falleció la educadora Fidelina Díaz de Cortés

La educadora Fidelina Esther Díaz de Cortés, falleció ayer en Santa Marta, lo cual produjo manifestaciones de pesar en el magisterio, su familia y circulo de amistades. Su sepelio se cumplirá hoy a las 4 y 30 de la tarde en el Cementerio San Miguel.

Con profundo dolor se registró ayer el sensible fallecimiento de una mujer que nació para enseñar, para construir mejores  personas  y orientar en la vida a niños y niñas que recibieron de ella una formación en el mundo del conocimiento. Falleció doña Fidelina Díaz de Cortés, reconocida educadora que prestó sus servicios al magisterio a nivel municipal, departamental y también a la Nación.

Hay seres humanos cuya existencia deja una huella tan profunda que su partida no significa ausencia, sino permanencia en la memoria y el corazón de quienes tuvieron el privilegio de conocerlos. Así ocurre hoy con doña Fidelina Díaz de Cortés, una educadora samaria, mujer de profundas convicciones católicas y extraordinarias cualidades humanas, quien ha sido llamada a la Casa del Señor luego de dedicar más de cinco décadas de su vida a la noble misión de enseñar y formar generaciones enteras de niñas y niños de Santa Marta.

Su fallecimiento ha causado pesar en el círculo de sus amistades y en la comunidad educativa de Santa Marta y el Magdalena donde su nombre siempre fue sinónimo de vocación, disciplina, servicio y amor por la enseñanza.

Durante más de cuarenta años de ejercicio docente, doña Fidelina entendió que educar iba mucho más allá de impartir conocimientos en un salón de clases. Para ella, la educación era una obra de amor, una herramienta para transformar vidas y una responsabilidad sagrada con las nuevas generaciones.

Centenares de estudiantes pasaron por sus aulas y encontraron en ella no solamente a una maestra exigente y comprometida con la excelencia académica, sino también a una segunda madre, una consejera y una guía permanente. Su paciencia, su sabiduría y su inmensa sensibilidad humana marcaron la vida de innumerables familias samarias que hoy recuerdan con gratitud sus enseñanzas y sus consejos.

Muchas mujeres y hombres que hoy son profesionales, empresarios, servidores públicos y ciudadanos ejemplares aprendieron sus primeras lecciones bajo la orientación de aquella maestra que siempre creyó en el poder de la educación y en la capacidad de cada niño para alcanzar sus sueños.

Por ello, la noticia de su partida ha despertado innumerables expresiones de dolor, solidaridad y reconocimiento entre compañeras del magisterio, antiguos alumnos, amigos y familiares, quienes coinciden en describirla como una mujer íntegra, honorable y poseedora de excelsas virtudes humanas.

Doña Fidelina Díaz de Cortés fue, ante todo, un gran ser humano. Su espíritu servicial, su generosidad y su disposición permanente para ayudar a los demás la convirtieron en una persona profundamente querida y respetada por todos aquellos que tuvieron la fortuna de compartir con ella.

Su vida estuvo guiada por sólidos principios morales y cristianos que supo transmitir no solamente desde la palabra, sino principalmente desde el ejemplo cotidiano.

Fue igualmente una extraordinaria esposa y madre de familia. Compartió su vida junto a don Hernán Cortés Leal, construyendo un hogar cimentado en el amor, el respeto, la fe y los valores familiares. Fruto de esa unión nació su hija, la doctora Marlene de Jesús Cortés Díaz, quien junto a su esposo, el abogado y periodista Ulilo Acevedo Silva, y sus nietos, Adra, Juan José y Ulilo Hernán acompañaron a doña Fidelina hasta sus últimos momentos rodeándola del cariño y el amor que sembró durante toda una vida.

El Señor quiso recibirla en su Reino acompañada precisamente de aquello que más amó en la tierra: su familia. Partió rodeada del afecto de sus hijos y del inmenso amor de sus nietos Any, Maye, Juanchy y Nan quienes constituyeron una de las mayores alegrías de su existencia y en quienes seguramente permanecerá vivo el ejemplo de una mujer que hizo de la bondad y la entrega una forma de vida.

Quienes conocieron a ´Fide´  como siempre cariñosamente le llamaron sus amistades, que su legado trasciende las paredes de las instituciones educativas donde impartió sus enseñanza.

Su verdadera obra vive en cada uno de sus estudiantes, en cada profesional que ayudó a formar, en cada niño al que enseñó a leer y escribir, en cada familia que encontró en ella una palabra de orientación y en cada compañero docente que compartió su pasión por la educación.

Las maestras como Fidelina Díaz de Cortés nunca mueren del todo. Continúan viviendo en los recuerdos de sus alumnos, en las enseñanzas que dejaron sembradas y en el ejemplo de vida que legaron a las nuevas generaciones.

Nos deja ´Fide´ un enorme vacío, pero el cielo gana a una mujer buena, noble y generosa que dedicó su existencia al servicio de los demás.

Su partida deja tristeza, pero también una inmensa gratitud por la oportunidad que se tuvo de contar entre sus hijos con una mujer de tan elevadas condiciones humanas y profesionales.

Las honras fúnebres  de doña Fidelina Díaz de Cortés se cumplirán este martes 14 de julio

A las tres de la tarde será celebrada la eucaristía por el eterno descanso de su alma en la Parroquia La Eucaristía, ubicada en el barrio Bavaria, ceremonia religiosa que será presidida por monseñor José Mario Bacci Trespalacios, obispo de la Diócesis de Santa Marta.

Posteriormente, a las cuatro y treinta de la tarde, sus exequias se llevarán a cabo en el Cementerio San Miguel de Santa Marta, donde familiares, amigos, compañeras del magisterio le darán el último adiós terrenal a quien durante décadas sembró conocimiento, esperanza y valores en el corazón de miles de samarios.

Hoy podemos decir que la educación samaria está de luto. Se apaga la voz de una maestra ejemplar, pero permanece encendida la luz de su legado.

Que el Señor la reciba en su Reino, le conceda el descanso eterno y permita que brille para ella la luz perpetua.

Querida ´Abue´, como cariñosamente le llamaban sus nietos, vuela alto. En el Cielo te espera el Señor de la Vida, nuestro Creador que vio en ti a un ser humano bueno, y decidió llamarte a la Casa Común.

Honor y gratitud eterna para doña Fidelina Díaz de Cortés, maestra de generaciones y ejemplo imborrable de amor, servicio y vocación.

Paz en su tumba.

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