El triunfo electoral de Abelardo de la Espriella tomó por sorpresa al gobierno y lo ha llevado al desespero.
Tal desespero se ha traducido en tumbos reveladores y patéticos: primero dijo que no reconocía el conteo de votos hasta tanto no tuvieran lugar los escrutinios; producidos estos, tanto Petro como Cepeda aceptaron la legitimidad de ADLE como presidente electo; pocos días después se echaron ambos para atrás y empezaron a desconocer lo que hasta hacía pocos ellos mismos habían aceptado: la legitimidad del nuevo presidente: Petro llegó al clímax de la insensatez diciendo que el presidente de Colombia era Iván Cepeda y que ya no reconocía a ADLE; Cepeda siguió mansamente a su jefe envolviéndose en la teoría inconstitucional de la “resistencia pacífica” al nuevo gobierno; para pocas horas después afirmar que él tampoco reconocía al presidente que ya había reconocido a regañadientes.
Y ahora viene la suspensión del empalme: la dupla Petro-Ávila (ministro de Hacienda) alega que se le ha faltado al respeto al gobierno durante los primeros pasos del empalme. Mientras el gobierno electo dice -con razón- que el empalme es para que se sepa toda la verdad y no solamente una versión maquillada de lo que recibe.
Lo cierto es que la ciudadanía ha descubierto que lo que se estaba llamando empalme no era más que una visión recortada de la verdad preparada por el gobierno que estaba tratando de esquivar la entrega de una verdad completa de los asuntos públicos.
Los colombianos no son bobos: comprenden que en la versión gubernamental los hechos recortados se querían pasar como la única versión, no era fidedigna: ponía en sordina cifras incompletas y hechos inconfesables de corrupción.
Tanto el equipo de ADLAE como el de Ávila se apresuraron en dar por suspendidos los diálogos del empalme. Se habían tornado imposibles, dicen unos y otros.
Sea dentro del marco de un empalme, o fuera de él, el país necesita con apremio que toda la verdad salga a flote: no solamente una parte de ella. Que los focos de corrupción o de abusos del gobierno Petro, que no son pocos, salgan a la luz pública.
Un gobierno puede empezar su mandato, perfectamente, sin contar con la totalidad de la información requerida de quien deja la casa de Nariño. Lo que no es posible es que un país mantenga en la penumbra la totalidad de la información.
El gobierno de ADLE dice tener ya el 75% de la información requerida. Si se suspende el empalme, el 25% de la información restante la podrá obtener con el concurso de la Contraloría y de la procuraduría. O en los archivos, cuando lleguen a los ministerios y a las agencias del estado los nuevos funcionarios. El país no se va a acabar con esta suspensión de los empalmes previstos.
El país y su gobernanza no entrarán en un impasse si la suspensión del frustrado empalme se prolonga.
Lo que sí es apremiante es moderar el lenguaje pugnaz entres los entrantes y los salientes. Esto no sirve ni para obtener mejor información, ni para calmar los ánimos que se atisban en las peligrosas praderas de polarización donde una chispa puede prender incendios irreparables.
*Exministro de Estado

