2030, la Patria Milagro

Es agosto de 2030. Una madre en Sincelejo firmó su primer contrato formal. Tiene salud. Tiene pensión. Un joven en el Catatumbo vuelve a casa de noche sin mirar atrás. Un campesino en el Cauca siembra y vende sin pagarle a nadie por dejarlo vivir. Todo esto es trabajo. Cuatro años de trabajo.

Veamos una informalidad que dejó de ser regla. En 2026 más de la mitad del país trabajó en la sombra. Casi trece millones de colombianos sin pensión, sin salud, sin red. En 2030 el Estado premia al que cumple.

Veamos la protección social que llega al que nunca tuvo nada. La vejez sin temor. El hijo que estudia, y el emprendedor rural con crédito y con título. El campo produce cada vez más alimentos y no coca.

Veamos a los jóvenes convertidos en la fuerza productiva del país, en el motor capaz de moverlo todo. Colombia es joven. En 2026 un trabajador nuestro producía apenas una fracción de lo que produce un trabajador del mundo desarrollado. En 2030 esa brecha empieza a cerrar. El joven que antes era carne de reclutamiento ahora es talento que crea. Construye su vida donde nació. Su primer empleo formal, su primera empresa, su idea conectada con el mundo desde su propia región. Un país que entendió que se desarrolla con ellos o no se desarrolla.

Veamos a la empresa en donde el Estado entendió su rol. Como una gran oportunidad de resolver problemas reales de gente real. Y veámosla llegando a donde nunca llegó. Al municipio olvidado. Al territorio que solo conocía la ausencia del Estado y la presencia del violento. Donde antes había abandono, ahora hay trabajo. La empresa que comprende que su prosperidad y la del país van por la misma senda.

Veamos la inversión que produce empleo. La fábrica que abre. El proyecto que arranca. El capital que apuesta por Colombia porque las reglas no cambian a diario. Esto es lo que podemos ser. Y por eso hay que recordar de dónde venimos.

Volvamos a 2026. A lo que no se puede repetir.

En 2025, 14.780 personas murieron por homicidios. La cifra más alta en una década. El secuestro se duplicó. La extorsión tocó la puerta de trece mil familias. Los grupos armados no se desarmaron, aumentaron bajo la anuencia de un Gobierno que dejó de proteger a los ciudadanos, mientras se hablaba de paz.

Pero el 21 de junio de 2026 el país decidió otra cosa. Eligió presidente a Abelardo de la Espriella y vicepresidente a José Manuel Restrepo, y con esa elección se salvó la democracia de Colombia. La salvó un pueblo que se negó a entregar su libertad. Ahí empezó la Patria Milagro.

El mundo lo notó. JPMorgan, uno de los bancos de inversión más grandes del planeta, leyó el nuevo rumbo y lo resumió en su tesis: T.I.G.R.E. Cinco letras que son una hoja de ruta; Comercio que se reabre al mundo, Inversión que regresa, Crecimiento que se diversifica, Disciplina fiscal que ordena la casa y Seguridad que recupera el territorio. No es una promesa de campaña. Es la lectura que los mercados hacen de lo que Colombia puede ser.

Por eso 2030 importa, como el propósito de un equipo y la tarea de todos. El presidente y los suyos ponen el rumbo, la esperanza y el propósito; los ciudadanos ponemos las manos. Porque esta vez el resultado tiene dueños, y somos todos. El gobierno pone el marco y la fuerza que protege; el ciudadano pone el trabajo diario, la cuenta clara, y sus deberes. Una patria no la levanta un presidente solo, ni un pueblo sin quien lo guíe. La levantan los dos, a la vez. Así se construye ciudadanía, así se construye democracia, así se construye país.

Imaginemos entonces ese agosto de 2030. Un país más seguro porque decidió proteger a su gente antes que consentir a sus verdugos, más próspero porque formalizó lo que antes escondía, más justo porque le cumplió al que madruga, más equitativo porque impulsó a todas sus poblaciones.

El futuro no se adivina. Se construye entre todos.

*Exdirectora del ICBF

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