La hora de la concordia

Confieso que, terminada la elección presidencial, hay un dato que me llama más la atención que el propio resultado. Me refiero a la participación de los colombianos. Durante años se insistió en que la ciudadanía había perdido interés por la política. Las urnas dijeron otra cosa. Millones de personas acudieron a votar en las dos vueltas presidenciales y terminaron enviando un mensaje que ningún dirigente político debería ignorar.

Naturalmente, la atención pública se concentró en la victoria de Abelardo De la Espriella sobre Iván Cepeda. El preconteo mostró una diferencia cercana a los 250.000 votos con todo y el estrambótico salto que dio Cepeda, al incrementar su votación en 3.1 millones los votos entre la primera y la segunda vuelta. La diferencia fue corta, pero el resultado quedó definido desde la noche electoral. Durante la campaña se habló de encuestas hasta el cansancio. También de plataformas de apuestas y de toda clase de cálculos electorales.

Algunas predicciones quedaron lejos de la realidad. Otras estuvieron más cerca. Entre estas últimas volvió a destacarse AtlasIntel. Sin embargo, la enseñanza de siempre permanece intacta: las encuestas pueden aproximarse al resultado, pero no reemplazarlo.

Debo admitir que también observé con interés el primer mensaje del presidente electo. En lugar de prolongar las divisiones propias de la campaña, optó por hablar de unidad. No sé si será fácil conseguirla en un país tan polarizado como Colombia, pero considero acertado que el propósito haya sido planteado desde el comienzo.

La razón es sencilla. Las campañas terminan dejando heridas. Hay palabras que sobran, acusaciones que permanecen y diferencias que tardan tiempo en desaparecer. Por eso conviene recordar que el artículo 188 de la Constitución Política establece que el Presidente de la República simboliza la unidad nacional. No es una frase ornamental. Es una responsabilidad. Aquí, vale preguntarse si Petro cumplió con ese mandato constitucional.

A partir de ahora los desafíos serán otros. La inseguridad sigue golpeando amplias regiones del país. La extorsión continúa afectando al comercio, a los productores y a las familias. Los problemas de la salud no desaparecieron con el cierre de las mesas de votación. Tampoco lo hicieron las preocupaciones económicas de millones de colombianos.

Por esa razón, la etapa que comienza exige menos confrontación y más resultados. Los ciudadanos ya cumplieron con acudir a las urnas. Ahora corresponde al presidente electo cumplir con las responsabilidades que asumió. No será una tarea sencilla: nunca lo ha sido.

Quizás la principal lección de estas elecciones sea precisamente esa. Terminada la campaña, Colombia vuelve a encontrarse con la realidad del día a día. En ese contexto, se siguen reclamando respuestas.

Durante semanas se habló más de encuestas que de votos. Se discutieron porcentajes, tendencias y hasta plataformas de apuestas. El domingo apareció la única cifra que realmente importaba: la que salió de las urnas. Los colombianos decidieron y el debate quedó resuelto. A partir de ahí podrán venir análisis, interpretaciones y toda clase de lecturas políticas. El resultado ya estaba escrito en los formularios electorales.

No es una conclusión novedosa, pero conviene recordarla de vez en cuando. Las campañas producen ruido. Las urnas producen decisiones.

*Abogado

Articulos relacionados

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Ultimos articulos