Así es el coctel de nueve drogas que hoy se vende como tusi en Colombia

Un joven al que le fue amputada una pierna en Medellín, otros siete en cuidados intensivos y un total de 18 intoxicados en el Valle de Aburrá desde el 24 de febrero son la cara más visible de un cambio silencioso: el tusi que circula hoy en Colombia ya no es la droga de élite que entró al país en los 2000, sino una mezcla que el Ministerio de Justicia y del Derecho acaba de advertir que puede llegar a contener nueve sustancias distintas en una sola dosis.

La alerta la formalizó el Sistema de Alertas Tempranas (SAT) del Observatorio de Drogas de Colombia (ODC), adscrito a Minjusticia. La cartera pidió al sector salud reforzar la vigilancia epidemiológica y advirtió que podrían aparecer casos en otras regiones por la expansión de la droga.

El paciente al que le amputaron una pierna llegó a urgencias con una isquemia, es decir, con las arterias cerradas y los tejidos sin oxígeno. La Secretaría de Salud de Medellín, encabezada por Natalia López Delgado, confirmó que los 18 afectados son 15 hombres y tres mujeres, 14 residentes en Medellín, dos en Bello y dos en Itagüí.

El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses analizó muestras de dos de esos pacientes. Lo que encontró fue revelador: una mezcla de ketamina, cocaína, cafeína, MDMA y procaína en la misma dosis. Esa combinación, que las autoridades calificaron como de «altísimo riesgo», es la fotografía típica de lo que hoy se vende como tusi en el país.

Una droga que ya no es lo que era

El nombre «tusi» viene de «tusibí», la forma castellanizada de la sigla 2C-B, una feniletilamina sintética creada en los años setenta por el químico estadounidense Alexander Shulgin. Llegó a Colombia en 2006, traída por traficantes que la descubrieron en fiestas electrónicas de Alemania y Holanda, y empezó como una droga cara, asociada a élites y rumba electrónica.

De esa fórmula original ya casi nada queda. La coronel Liz Cuadros, jefa del Centro de Estudios contra el Narcotráfico de la Policía, lo resumió en su momento: en las incautaciones de tusi ya no hay compuestos originales de 2C-B, sino mezclas de ketamina con colorantes y otros activos. Lo que se vende rosado es un cóctel teñido con colorante para alimentos.

El SAT del ODC lleva el seguimiento de esa composición desde 2013. Según el comunicado oficial, los componentes más frecuentes hoy son derivados anfetamínicos como MDMA, MDA y metanfetamina, junto con ketamina, cafeína y paracetamol. La lista, sin embargo, no termina ahí.

Los análisis del observatorio también han identificado PMMA, oxicodona, tramadol, clonazepam, cocaína y catinonas sintéticas. Como adulterantes aparecen fenacetina, fluoxetina, pregabalina, lidocaína, aminopirina y dos compuestos de uso veterinario que encienden alertas particulares: levamisol y xilazina. Una sola muestra ha llegado a contener nueve de esas sustancias al tiempo.

Lo que están viendo los médicos

En abril de 2026, la revista CASE: Cardiovascular Imaging Case Reports, de la Sociedad Americana de Ecocardiografía, publicó un hallazgo inquietante. Cuatro jóvenes colombianos de entre 26 y 41 años, sin enfermedades cardíacas previas, desarrollaron daño grave en sus válvulas cardíacas tras consumir tusi de forma regular. Los cuatro necesitaron cirugía de reemplazo valvular.

Los investigadores bautizaron el cuadro «tusiválvulas». Plantearon que el MDMA activa receptores de serotonina en las válvulas y genera engrosamiento y fibrosis progresiva: el corazón pierde flexibilidad. Es un daño silencioso que solo aparece cuando ya es tarde.

A esa alerta cardíaca se sumó esta semana una vascular. La Asociación Colombiana de Medicina Vascular (ACMV) reportó un aumento inusual de jóvenes que llegan a urgencias con isquemia aguda en piernas y manos. Su presidenta, Andrea Restrepo Acosta, lo dijo sin rodeos: «Hemos tenido consultas muy frecuentes por isquemia en extremidades, sobre todo en piernas y manos, todos relacionados al consumo del tusi».

La causa exacta del daño está en discusión. Échele Cabeza, una organización que analiza drogas en escenarios de fiesta hace más de una década, plantea tres hipótesis. La primera apunta al levamisol, un antiparasitario veterinario que aparece entre el 30 % y el 70 % de las muestras de cocaína según la región y que se ha vinculado a vasculitis y necrosis tisular.

La segunda señala a la ketamina cuando se usa en cantidades altas, de forma crónica o mezclada con otros compuestos. Esa combinación podría producir vasoconstricción severa, además del llamado síndrome de «vejiga ketamínica», una inflamación dolorosa del tracto urinario por uso crónico de ketamina.

La tercera es la xilazina, llamada «tranq» en Estados Unidos, un sedante veterinario que en ese país se convirtió en uno de los adulterantes más peligrosos del fentanilo y se asocia a heridas necróticas y amputaciones. Échele Cabeza identificó xilazina en 10 muestras de tusi: dos en el segundo semestre de 2024, seis en 2025 y otras dos en lo corrido de 2026.

La propia ONG, sin embargo, pidió matizar el papel de la xilazina. Su coordinador del servicio de análisis, el químico Mauro Adrián Díaz Moreno, advirtió que el riesgo se ha «sobredimensionado» en los medios, y recordó que en Colombia el tusi se consume principalmente esnifado, no inyectado como en Estados Unidos. El patrón de daño, por tanto, no es el mismo.

Quién lo fabrica y quién lo vende

El tusi dejó de ser un producto importado de élite. Hoy se cocina en laboratorios caseros con químicos accesibles, y eso cambió el negocio criminal alrededor de la droga.

En marzo de 2025, la Policía Metropolitana de Bogotá desarticuló en Puente Aranda a la presunta banda ‘Los Químicos’. Fue el primer laboratorio de tusi identificado en la capital ese año. El presunto líder era un químico farmacéutico de 37 años con 15 años de experiencia laboral y un título universitario.

La banda importaba ketamina veterinaria desde Perú en buses que evadían los controles fronterizos. Cada frasco les costaba unos 180.000 pesos y de ahí sacaban hasta 20 dosis, que vendían a 100.000 pesos cada una en zonas de rumba de Kennedy, Bosa y Puente Aranda. El margen explica por qué el modelo se está replicando.

El brigadier general Giovanni Cristancho, comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, le dijo la semana pasada a La FM que no se trata de estructuras criminales sofisticadas, sino de redes pequeñas. «Muchas veces hemos encontrado tres o cuatro personas que tienen el conocimiento y generan la producción de tusi», explicó. La fabricación, según él, cabe en una cocina.

Cristancho también señaló que la distribución ahora pasa por discotecas y zonas de rumba. Las autoridades han identificado a presuntos DJ involucrados en la venta dentro de los establecimientos, lo que ha derivado en capturas y cierres de locales. La figura del dealer en la rumba mutó hacia alguien con consola y micrófono.

En el panorama también aparecen estructuras más grandes. La Fiscalía General de la Nación vinculó al Tren de Aragua, organización transnacional de origen venezolano, con la producción y distribución del tusi en Bogotá y Medellín. Según la Dirección Especializada Contra Organizaciones Criminales (DECOC), esa banda fabrica con materiales de baja calidad, como bazuco mezclado con sintéticos y colorantes.

Las cifras del crecimiento

El consumo y la oferta avanzan en paralelo. La Secretaría Distrital de Salud de Bogotá, a través del Subsistema de Vigilancia Epidemiológica del Consumo de Sustancias Psicoactivas (VESPA), registró un aumento del 98 % en casos asociados al tusi en dos años.

Las cifras de la entidad muestran más de 970 casos en 2023 y 1.568 en 2025. De esos últimos, 680 corresponden a jóvenes entre 18 y 28 años, 624 a menores entre 12 y 17 años y, lo más preocupante, seis casos en niños entre 0 y 11 años. Es una droga que ya entró a la edad escolar.

Las incautaciones siguen la misma curva. Un documento del Ministerio de Justicia citado en 2023 por El País mostró que el 2C-B (tusi o tusibí) incautado pasó de 979 unidades en 2015 a 37.387 en 2022 y a 61.400 unidades en lo corrido de 2023. El salto en ocho años es de casi el 60 %, según ese reporte.

El precio refleja la masificación. En Cali, una dosis cuesta entre 50.000 y 150.000 pesos, dependiendo de la «receta» del fabricante. El llamado tusi «puro», con la molécula 2C-B original, puede costar hasta un millón de pesos por dosis y queda reservado a un círculo muy estrecho. El mercado real son las copias.

En Medellín, el fenómeno también se descentralizó. Según un reporte de El Colombiano, en el mercado negro de la ciudad hay hasta 43 «marcas» distintas de tusi, distribuidas por discotecas, bares, plazas de vicio y hasta domiciliarios. Algunas son de fabricación casera y muchas siguen tutoriales en redes sociales.

Lo que falta

Échele Cabeza fue dura en la lectura de fondo. La organización dijo que el verdadero problema no es solo la aparición de un nuevo adulterante, sino la falta de respuesta estatal después de más de una década de circulación del tusi en Colombia.

«Pese a más de diez años de circulación de esta sustancia, aún no existen suficientes sistemas de monitoreo, análisis de sustancias ni alertas tempranas impulsadas desde el Estado. Lo único que puede reducir el impacto negativo del consumo de tusi en Colombia son las acciones comunitarias de reducción de daños», afirmó la ONG.

En el mismo informe, la organización fue más allá con una frase que marca el tono de la advertencia. «El tusi es el bazuco de la generación de centennials, y apenas estamos empezando a ver los daños individuales y sociales de esta sustancia», escribió. La comparación con el bazuco —la droga barata, adulterada y devastadora de los noventa— no es retórica menor.

Hay además un agujero en los registros. La isquemia asociada al consumo de drogas no es una enfermedad de reporte obligatorio, lo que significa que ni la Secretaría de Salud de Medellín ni las entidades nacionales tienen un conteo oficial de los episodios. Lo que se sabe sale del aviso de médicos en redes sociales y de la prensa.

Minjusticia, por su parte, puso a disposición el equipo técnico del SAT para fortalecer la recolección y análisis de muestras en calle. La cartera también pidió al sector salud hacer seguimiento a los pacientes con antecedentes de consumo de tusi y reforzar las estrategias de prevención y reducción de riesgos.

/COLPRENSA

Articulos relacionados

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Ultimos articulos