¿Los muelles turísticos, promesa incumplida?

Existe una realidad incómoda, peligrosa y profundamente vergonzosa: la capital del Magdalena sigue sin contar con muelles turísticos modernos y seguros para movilizar a miles de personas que utilizan el transporte marítimo.

Santa Marta mira al mar todos los días. Vive del mar, respira del mar y le vende al mundo la postal perfecta de sus playas, sus atardeceres y sus montañas besando la costa. Pero detrás de esa imagen turística que aparece en comerciales y ferias internacionales, existe una realidad incómoda, peligrosa y profundamente vergonzosa: la capital del Magdalena sigue sin contar con muelles turísticos modernos y seguros para movilizar a miles de personas que utilizan el transporte marítimo.

En Santa Marta, la ausencia de muelles formales obliga a los turistas a abordar lanchas directamente desde la orilla de la playa o usando peligrosas escaleras de madera, especialmente en balnearios de alta afluencia como El Rodadero, Taganga y Pozos Colorados.

Esta deficiencia genera un grave riesgo de accidentes, congestión en las zonas de bañistas, incomodidad para personas con movilidad reducida y daños a los ecosistemas marinos.

La carencia de esta infraestructura histórica en el litoral samario presenta problemáticas críticas:

RIESGO Y ACCIDENTALIDAD:

Al no haber muelles o embarcaderos seguros, los operadores deben maniobrar entre los bañistas, lo que aumenta la probabilidad de accidentes y caídas al agua al saltar de la lancha a la arena.

INCOMODIDAD PARA PASAJEROS:

El abordaje en la orilla afecta severamente a adultos mayores, niños y personas con movilidad reducida, limitando la accesibilidad universal.

IMPACTO EN EL TURISMO:

El mal estado de la experiencia de embarque genera quejas constantes del gremio turístico.

SATURACIÓN EN LAS PLAYAS:

La zona operativa de las lanchas se mezcla con la zona de descanso de los bañistas, reduciendo el espacio disponible y causando fricciones en el disfrute del balneario.

CONTAMINACIÓN Y CONTROL AMBIENTAL:

La falta de muelles dificulta el manejo adecuado de residuos y combustibles de las embarcaciones, y entorpece las medidas de oxigenación y cierre preventivo de los ecosistemas costeros.

La actual administración distrital del alcalde Carlos Pinedo Cuello ha anunciado la adjudicación y estructuración de proyectos de muelles turísticos con el apoyo del Gobierno Nacional para intentar superar esta barrera histórica de infraestructura. Todo con el apoyo de Fontur.

EL AUGE DEL TURISMO

En pleno auge del turismo nacional e internacional, los visitantes continúan abordando lanchas directamente desde la arena, caminando entre el oleaje, sosteniéndose de estructuras improvisadas o utilizando escaleras artesanales que parecen trampas flotantes más que accesos dignos para seres humanos.

Y aunque el problema no es nuevo, lo verdaderamente indignante es que tampoco parece importarle al Estado colombiano.

Durante años, los samarios han escuchado anuncios, reuniones, diagnósticos, estudios, mesas técnicas y promesas que terminan ahogadas en el mismo mar de la burocracia nacional. Gobiernos van y vienen, ministros cambian de cargo, funcionarios aparecen en fotografías prometiendo soluciones, pero la ciudad continúa exactamente igual: sin infraestructura marítima segura y moderna.

INDIFERENCIA ESCÁNDALOSA

La indiferencia del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ha sido escandalosa.

Mientras Santa Marta aporta miles de millones de pesos en movimiento turístico y se mantiene como una de las joyas del Caribe colombiano, desde Bogotá pareciera existir un abandono silencioso hacia las verdaderas necesidades de la ciudad. Los proyectos para embarcaderos y muelles turísticos llevan años navegando entre escritorios, estudios y trámites eternos. A la ciudad literalmente le han “mamado gallo” con soluciones que nunca llegan.

Y mientras los documentos duermen en oficinas con aire acondicionado, aquí la gente sigue exponiendo la vida. Porque el riesgo no es inventado ni exagerado. Es real.

EL PELIGRO

Las hélices de las lanchas operan a pocos metros de bañistas y turistas. Los motores encienden mientras personas aún intentan subir a las embarcaciones. Adultos mayores pierden estabilidad sobre escalones húmedos. Niños son cargados entre olas y gasolina. Personas con discapacidad simplemente quedan excluidas de muchas actividades marítimas porque las condiciones de acceso son indignas.

Todo ocurre frente a la mirada resignada de operadores turísticos que también son víctimas de la falta de infraestructura.

Santa Marta no merece seguir funcionando con embarcaderos de ´medio pelo´ e improvisados.

Resulta increíble que una ciudad que aspira a consolidarse como destino turístico internacional aún no tenga muelles integrales similares a los existentes en otras regiones costeras del país y del Caribe. La falta de planificación y de inversión revela una desconexión absoluta entre el discurso turístico nacional y la realidad que enfrentan los territorios.

El Gobierno habla de potenciar el turismo, pero olvida construir las condiciones mínimas para hacerlo de manera segura.

No basta con promocionar playas en vitrinas internacionales ni con llenar discursos sobre competitividad turística. La verdadera apuesta por el turismo comienza garantizando infraestructura digna, movilidad segura y protección de la vida humana. Y ahí es donde el Estado colombiano sigue fallándole a Santa Marta.

LLAMADO URGENTE

El llamado es urgente para Fontur y para el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. Ya no hacen falta más diagnósticos ni más visitas protocolarias. La ciudad necesita ejecución. Necesita obras. Necesita decisiones reales. Porque cada temporada turística aumenta el flujo marítimo y también incrementa el riesgo de una tragedia.

¿Cuántos accidentes más deben ocurrir para que el Gobierno Nacional reaccione? ¿Cuántos turistas lesionados hacen falta? ¿Cuántas emergencias deben registrarse para entender que abordar lanchas desde la playa no puede seguir siendo normal en una ciudad turística del nivel de Santa Marta?

El problema no solo golpea la seguridad humana. También afecta la imagen de la ciudad.

Muchos visitantes quedan sorprendidos —y decepcionados— cuando descubren que deben mojarse hasta la cintura para subir a una embarcación. Otros se llevan la impresión de una ciudad desorganizada, sin planificación y sin autoridad sobre sus playas. Y aunque la belleza natural de Santa Marta logra muchas veces eclipsar esas falencias, la improvisación termina pasando factura.

Porque el turismo moderno exige calidad, accesibilidad y seguridad.

DAÑO AL ESCOSISTEMA

También hay un daño silencioso sobre los ecosistemas marinos. El tránsito descontrolado de embarcaciones, la ausencia de zonas organizadas de embarque y desembarque y el manejo improvisado del tráfico marítimo terminan afectando áreas sensibles de playa y ecosistemas costeros.

Pero aun así, el tema parece no estar entre las prioridades nacionales. Y mientras tanto Santa Marta sigue esperando.

Esperando que alguien entienda que el turismo no puede sostenerse únicamente sobre la belleza natural. Esperando que el Gobierno nacional deje de administrar promesas. Esperando que el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo deje de mirar hacia otro lado. Esperando que Fontur pase del discurso a las obras. Y mientras tanto, la ciudad continúa sobreviviendo entre motores encendidos, improvisación y peligro.

EL SECTOR TURÍSTICO

Los hoteleros y empresarios turísticos también deben asumir responsabilidades. El crecimiento económico derivado del turismo marítimo no puede descansar únicamente sobre el sacrificio de operadores y trabajadores informales. El sector privado tiene la obligación moral y económica de aportar soluciones, participar en alianzas estratégicas y respaldar proyectos de infraestructura que beneficien a toda la ciudad.

Porque al final, cuando ocurre una tragedia, pierde Santa Marta entera.

Pierde el pescador que vive del turista. Pierde el operador marítimo que trabaja bajo presión. Pierde el comerciante de playa. Pierde el taxista. Pierde el hotelero. Pierde la imagen internacional de la ciudad. Y sobre todo, pierde la vida humana.

No hay excusas para seguir aplazando una necesidad urgente y elemental. La capital del Magdalena no puede continuar recibiendo visitantes como si estuviera atrapada décadas atrás. Santa Marta merece muelles turísticos modernos, seguros y sostenibles. Merece infraestructura a la altura de su historia, de su potencial y de la dignidad de su gente. Porque ninguna ciudad que se promocione ante el mundo puede seguir permitiendo que sus turistas caminen entre hélices, gasolina y olas para abordar una lancha.

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