Santa Marta, agobiada por las basuras, y la falta de agua y luz

Los samarios han manifestado su indignación además por la falta de agua potable, en la mayoría de los barrios populares de la ciudad, sin que la empresa Essmar, se haya pronunciado al respecto.

Los líderes comunales de los barrios afectados al igual que los ediles de las diferentes localidades del Distrito de Santa Marta, manifiestan que la ciudad está al bordo del colapso por las deficiencias en servicios vitales.

La ciudad vive hoy un cóctel molotov perfecto. La insatisfacción social por los servicios públicos recorre los barrios y ayer muchas comunidades acudieron a la única ´arma´ que tienen para hacere sentir: la protesta social.

Ayer la capital del Magdalena vivió una de esas jornadas donde el desgaste de la fuerza pública fue evidente, con bloqueos, cierre de vías y protestas por doquier.

PACIENCIA AL LÍMITE

La paciencia de los samarios parece haber llegado al límite. La ciudad turística que alguna vez se vendió al país y al mundo como “la Perla de América”, hoy vive atrapada entre montañas de basura, interminables apagones, calles sumidas en la oscuridad y barrios enteros donde el agua potable dejó de ser un derecho para convertirse en un privilegio.

Santa Marta atraviesa uno de los momentos más críticos en materia de servicios públicos. El desespero ciudadano ya no se esconde detrás de las paredes de las casas ni en las conversaciones de esquina. Ahora explota en las calles, en bloqueos, en protestas, en gritos de rabia y cansancio de una población que siente que las empresas prestadoras les fallaron y que las soluciones prometidas nunca llegan.

Las escenas se repiten todos los días. Bolsas de basura acumuladas durante semanas bajo el inclemente sol samario. Familias enteras cargando baldes y pimpinas en busca de agua. Electrodomésticos dañados por los constantes bajones eléctricos. Sectores completos convertidos en bocas de lobo por la falta de alumbrado público. Una ciudad que parece caminar a oscuras mientras las respuestas oficiales se pierden entre comunicados y excusas.

INDIGNACIÓN COLECTIVA

El malestar ciudadano se transformó en indignación colectiva. Durante los últimos días, las protestas se multiplicaron tanto en la zona urbana como rural del Distrito. La Troncal del Caribe volvió a convertirse en escenario de bloqueos y enfrentamientos verbales entre conductores desesperados y comunidades cansadas de esperar soluciones.

En el barrio Once de Noviembre, habitantes atravesaron palos, llantas y piedras para exigir atención inmediata. En La Revuelta, los moradores decidieron cerrar el paso vehicular luego de varios días sin agua y con fallas permanentes en el servicio de energía. La misma situación se vivió en el sector de La Paz, en la glorieta de Mamatoco y sobre la Vía Alterna al Puerto, especialmente en inmediaciones de Ondas del Caribe y Pescaíto.

Detrás de cada bloqueo hay una historia de abandono. Madres que no tienen cómo cocinar porque no llega el agua. Adultos mayores soportando noches enteras sin ventiladores en medio de temperaturas sofocantes. Comerciantes perdiendo alimentos y productos por los apagones. Niños soportando malos olores por la acumulación de desechos.

La ciudad parece haberse acostumbrado a convivir con la crisis.

Los líderes comunales y los ediles de las diferentes localidades han intentado abrir espacios de diálogo. Se han promovido debates de control político y reuniones con representantes de las empresas prestadoras de servicios públicos, pero las comunidades aseguran que todo termina en promesas repetidas y compromisos incumplidos.

CRECEN LOS PROBLEMAS

Mientras tanto, los problemas siguen creciendo. Las críticas apuntan directamente hacia Air-e Intervenida, Essmar, Atesa y la empresa encargada del alumbrado público. Cada una defiende su gestión, argumenta dificultades operativas o promete soluciones “en las próximas horas”, pero la ciudadanía siente que las respuestas llegan tarde y nunca solucionan de fondo la emergencia.

En muchos sectores, la situación con el agua es desesperante. Hay barrios donde el líquido llega apenas unas horas a la semana y otros donde simplemente desapareció. Las familias deben comprar agua en carrotanques o almacenarla en recipientes improvisados, exponiéndose incluso a problemas sanitarios.

La Essmar se convirtió en el principal blanco de las críticas ciudadanas. La gente siente que el servicio colapsó y que la empresa perdió la capacidad de responderle a la ciudad. Los samarios aseguran que la crisis no es nueva, pero sí cada vez más insoportable.

“Nos cansamos de esperar”, dicen muchos habitantes en los barrios afectados.

A la crisis del agua se suma el problema de las basuras. Sectores enteros permanecen con desechos acumulados durante días. El olor nauseabundo invade calles y avenidas, mientras perros y gallinazos rompen bolsas esparciendo desperdicios por toda la ciudad.

EL MAL SERVICIO DE ASEO

Turistas caminando entre montañas de basura. Residentes tapándose la nariz para cruzar las esquinas. Comerciantes limpiando una y otra vez el frente de sus negocios. Una capital turística enfrentando una crisis sanitaria que ya no puede ocultarse.

Las críticas contra Atesa son permanentes. Comunidades enteras denuncian incumplimiento en las frecuencias de recolección y abandono en sectores populares. La molestia crece porque, pese a las reiteradas quejas, la situación continúa igual.

“Santa Marta está sucia y nadie responde”, repiten líderes comunales.

Y como si fuera poco, los apagones terminaron por encender aún más la furia ciudadana.

Las constantes interrupciones eléctricas tienen desesperados a miles de usuarios. En algunos barrios los cortes duran horas; en otros, los bajones de energía son tan frecuentes que dañan electrodomésticos y afectan pequeños negocios.

La empresa Air-e Intervenida asegura trabajar para estabilizar el servicio, pero la ciudadanía ya no cree en anuncios ni cronogramas. La desconfianza se volvió parte del paisaje samario.

LA SITUACIÓN EMPEORA

Numerosos sectores permanecen completamente a oscuras debido a las fallas en el alumbrado público. Calles apagadas, parques abandonados y avenidas sin iluminación aumentan la sensación de inseguridad en los barrios. La gente teme salir de sus casas.

Madres de familia aseguran que los niños ya no pueden jugar en las noches. Comerciantes cierran temprano por miedo a los robos. Conductores deben avanzar con precaución en sectores donde la oscuridad domina completamente la vía.

Las comunidades sienten que las autoridades y las empresas reaccionan únicamente cuando hay bloqueos o presión mediática. Mientras tanto, los problemas estructurales continúan creciendo silenciosamente debajo de la superficie.

La rabia popular también refleja una profunda sensación de impotencia.

Porque detrás de las protestas no solamente existe cansancio por los malos servicios públicos. Existe también frustración por una ciudad que, pese a su importancia turística y económica, continúa enfrentando problemas básicos que afectan directamente la calidad de vida de sus habitantes.

LA FACTURA PUNTUAL

Los samarios pagan facturas, cumplen obligaciones y esperan servicios dignos. Pero la realidad diaria parece decir otra cosa.

La crisis golpea especialmente a los barrios populares, donde las familias deben sobrevivir entre cortes de agua, apagones y calles contaminadas por los residuos sólidos. Allí la paciencia se agotó hace rato.

Los líderes comunales advierten que las protestas podrían continuar si no aparecen soluciones reales y permanentes. La gente ya no quiere mesas técnicas, diagnósticos ni promesas temporales. Exige resultados.

Porque Santa Marta no puede seguir viviendo entre la basura, la sed y la oscuridad.

La capital del Magdalena merece empresas eficientes, respuestas inmediatas y servicios públicos acordes con una ciudad que pretende mostrarse ante el país y el mundo como destino turístico internacional.

Hoy la ciudadanía reclama algo elemental: dignidad. Dignidad para abrir la llave y encontrar agua. Dignidad para caminar por calles limpias. Dignidad para dormir sin miedo a otro apagón. Dignidad para vivir en una ciudad iluminada y segura.

Pero mientras las soluciones no lleguen, Santa Marta seguirá levantando su voz desde los barrios, desde las calles bloqueadas, desde las esquinas llenas de basura y desde las noches oscuras donde la paciencia ciudadana terminó por agotarse.

PREOCUPACIÓN EN LA COMUNIDAD

“En estos momentos tenemos montones de basuras en casi todos los puestos donde hay contenedores y lo que es peor, estos residuos han entrado en descomposición y generan malos olores que contaminan el ambiente”, dijo Henry Lavalle, dirigente comunal del barrio El Parque.

Así mismo desde el barrio El Pantano, donde el sábado se realizó el Programa ‘La Alcaldía al Barrio’, están lanzando un S.O.S., por la falta de agua hace más de una semana y en Essmar, nadie responde por nada.

“En Ciudad del Sol I, II y III, lo mismo que en Andrea carolina, Santa Cruz, Curinca, Luz del Mundo, Concepción y otras del oriente de la ciudad, ya son más de 8 días sin agua y en Essmar, es pura evasiva que hoy si la ponen y nunca lo hacen”, dijo Ingrid Caballero Meriño, ama de casa del sector.

El caso más grave se lo endilgan a la empresa Air-e Intervenida que sin ninguna justificación a diario suspende el servicio hasta por dos horas en diferentes barrios populares de la ciudad, lo exalta a la comunidad y en parte es la causa de dichos bloqueos.

“Estamos padeciendo con estos calores con temperaturas hasta de 38 grados centígrados, situación que en algunos casos obviamos con los abanicos y los aires acondicionados, pero al no haber luz, esto se torna insostenible”, dijo un residente del barrio Alfonso López.

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