Por
ROCÍO E.
FONTANILLA DAZA
En una sociedad donde los paradigmas sociales aún miran de ‘reojo’ a las pieles tinturadas, una filosofía está cobrando fuerza en la capital del Magdalena: “Normalicemos sanar dolor con tatuajes”. Más que un simple eslogan, esta premisa se ha convertido en el estandarte de Leonel Tattoo y Josephin, una pareja que ha logrado elevar este arte milenario a un profundo proceso de sanación emocional, atrayendo las miradas no solo a nivel local, sino también nacional e internacional.
En un ameno diálogo que recorrió la cultura del tatuaje, sus mitos y su historia, los creadores de esta iniciativa compartieron cómo la piel se puede transformar en un lienzo idóneo para plasmar emociones.
El alma artística de este proyecto recae directamente en Leonel, un virtuoso artista venezolano radicado desde hace ocho años en Santa Marta. Con 14 años de trayectoria, Leonel se destaca por su alto profesionalismo y una pasión desbordante por el arte, cualidades que lo han llevado a especializarse en todos los estilos y a ser galardonado en diversos concursos de tatuajes.
La magia de su trabajo radica en su capacidad para ejecutar diferentes técnicas con una precisión impecable. Ya sea trabajando a todo color o dominando el juego de luces y sombras, Leonel transforma las ideas de sus clientes en dibujos sumamente reales impregnados en la piel. Cada trazo es una muestra de disciplina y talento que hoy marca de forma positiva la vida de muchas personas.
»Para mí, la piel no es solo superficie; es un lienzo en blanco donde la historia de cada persona cobra vida, a través del realismo, el color o las sombras. Cada línea lleva respeto y pasión por lo que hago», afirma el artista.
Detrás del éxito actual de Leonel hay una historia de superación. Durante su infancia, escuchó muchas veces que debía dejar de dibujar, que del arte no se podía vivir. Hoy, transformando las críticas en combustible y respaldado por sus triunfos en el gremio, acuñó el lema de su marca: “De dibujitos sí se vive”.
»Muchas veces me dijeron que dejara de dibujar, que me iba a morir de hambre, e incluso llegaron a botarme mis cuadernos de dibujo». Hoy miro atrás y me doy cuenta de que esos ‘dibujitos’ eran mi destino. Sí se puede vivir del arte cuando le pones alma y disciplina», manifestó Leonel.
Leonel junto a Josephin, han construido una experiencia que rompe con los esquemas tradicionales. Su objetivo principal es brindar privacidad, tranquilidad y absoluta confianza, logrando que cada persona se sienta cómoda en un espacio seguro. En una ciudad donde todavía persisten prejuicios hacia las personas tatuadas, ambos demuestran que el tatuaje representa arte, disciplina, sanación y crecimiento personal.
LA TINTA COMO CICATRIZANTE DEL ALMA
La premisa de Leonel y Josephin es clara: detrás de cada tatuaje existe una historia que merece ser contada. Para muchos, el dolor físico de la aguja actúa como un catalizador que ayuda a procesar dolores internos mucho más profundos, encontrando en el lienzo de la piel una forma de cerrar etapas, homenajear a alguien o volver a sentirse bien consigo mismo.
»Muchos entran al estudio buscando solo tinta, pero terminan desahogándose, llorando o sonriendo al ver el resultado. Al final del día, normalizar el dolor físico de la aguja es una forma de transmutar y sanar un dolor del alma», concluye el artista.
Al normalizar el tatuaje como una herramienta terapéutica, esta dupla no solo está dejando huellas imborrables en la piel de sus lienzos humanos, sino también en sus vidas, demostrando que la verdadera belleza de este arte radica en su capacidad para sanar el corazón a cualquier edad. En su Instagram @Leoneltattooart se puede observar su trabajo, destacando el profesionalismo.

