Las encuestas dejaron de ser simples mediciones. Hoy también ayudan a mover la conversación política y a instalar candidatos en el debate público. Por eso cada sondeo nuevo termina levantando desconfianzas, lecturas cruzadas y discusiones que van mucho más allá de los números.
Además, en Colombia ya se tienen antecedentes suficientes para mirar las encuestas con cierta cautela. Ahí están los casos del plebiscito de 2016 y la elección presidencial entre Serpa y Uribe en el año 2002, donde los resultados terminaron tomando un rumbo distinto al que mostraban algunas mediciones. Después de varios cuestionamientos, el país terminó endureciendo las reglas sobre encuestas electorales. La Ley 2494 de 2025 fortaleció los controles del Consejo Nacional Electoral y aumentó las exigencias técnicas para las firmas encuestadoras.
Pero la discusión ya no se queda solamente en tamaños de muestra o márgenes de error, también pesa la cercanía política y contractual que algunas firmas han tenido con entidades públicas. Casos como los del Centro Nacional de Consultoría e Invamer terminan alimentando dudas en sectores que cuestionan la independencia de ciertos sondeos, aun cuando formalmente cumplan las exigencias legales.
En medio de ese panorama, el crecimiento de Abelardo de la Espriella ya no es algo anecdótico. Las apuestas en plataformas como Polymarket y Kalshi comenzaron a moverse claramente a su favor, al punto de ubicarlo con mayores probabilidades frente a Iván Cepeda en sus recientes mediciones. Al mismo tiempo, la nueva encuesta de AtlasIntel para Semana lo situó más cerca de Cepeda, duplicando a Paloma Valencia, ubicada en el tercer lugar. Más allá de simpatías políticas, el dato merece atención.
El caso de Abelardo de la Espriella tiene algo particular. Su tono fuerte, directo y confrontacional -que a muchos les molesta- terminó conectando con sectores cansados de la política tradicional y preocupados por el deterioro de la seguridad y el orden público. Eso parece justificar parte de su crecimiento.
En contraste, Paloma Valencia parece haber entrado en una fase de estancamiento. Parte de ese retroceso puede explicarse por la fragmentación de la derecha, la dificultad para ampliar su base más allá del uribismo tradicional y la aparición de figuras con discursos más emocionales y agresivos en el debate político. Mientras De la Espriella domina el terreno de la confrontación directa, Valencia mantiene un tono más institucional y técnico que, aunque sólido, parece generar menor impacto electoral.
Las encuestas seguirán moviendo titulares y tratando de anticipar un resultado que todavía está abierto. De todas maneras, ninguna encuesta puede confundirse con el resultado final. En Colombia la opinión cambia rápido y muchas campañas terminan creciendo o cayendo en cuestión de semanas.
Y ahí aparece otro problema: las encuestas dejaron de limitarse a medir el ambiente político, también terminan influyendo sobre él. A veces impulsan candidaturas. Otras veces enfrían campañas. Y en medio de todo eso, cada vez resulta más difícil separar los datos de la narrativa política.
A eso se suma otro elemento: el crecimiento de las redes sociales cambió por completo la manera como se leen las encuestas. Hoy, un resultado parcial puede convertirse en tendencia nacional en cuestión de horas y alterar el clima político antes incluso de que arranque el verdadero debate electoral.
*Abogado

