Falta de sensibilidad con los pacientes, extenuantes esperas en salas hasta de 9 horas, y largas filas en la calle con temperaturas que bordean casi los 30 grados centígrados, son algunas de las quejas reiteradas contra la mayoría de las clínicas de la ciudad.
Avidanti, La Ermita, (antigua Clínica de La Mujer), El Pardo y La Milagrosa, son entre otras, las que llevan la bandera en materia de quejas, por el mal trato que se les da a las personas que llegan en busca de servicio para sus males.
Lo anterior, lo corrobora muchos videos subidos a las redes sociales donde los familiares de pacientes, le ha tocado recurrir a la violencia, a la confrontación personal, para que se les permita la atención.
De acuerdo con esas querellas, la primera barrera que se debe superar para ingresar a cualquiera de estos centros, la constituyen los vigilantes que de manera atrevida son los que deciden si se puede entrar o no.
La actitud inhumana de estos personajes, con revólver al cinto, como si se tratara del lejano oeste, son los responsables de que muchas veces las personas mueran en los pasillos porque no se les facilita el acceso a las urgencias.
Esta situación es reiterativa con uno de los vigilantes de la Clínica La Ermita, que es el que dispone si la persona que llega con problema de salud, puede pasar de inmediato o debe esperar. Esta posición le ha representado muchas situaciones incómodas.
LARGAS FILAS DE ESPERA
De acuerdo con las quejas-denuncias este problema es igual en todas las clínicas de la ciudad, pero es preocupante lo que se viene registrando en la Clínica Avidanti.
Allí, la denuncia ciudadana advierte presuntas fallas en la atención, donde pacientes aseguran enfrentar largas horas de espera, falta de condiciones adecuadas y dificultades para recibir atención médica.
“En esa clínica las personas permanecen desde la mañana sin ser atendidas, en medio de un alto flujo de usuarios que supera la capacidad del centro asistencial”, denunció uno de los afectados.
Según lo manifestado, es evidente la falta de sillas en las salas de espera, lo que obliga a muchos pacientes a permanecer de pie durante largos períodos, incluso en condiciones de salud delicadas.
Un pensionado de la Policía Nacional denunció que duró más de 9 horas sentado en una silla plástica en la urgencia del Hospital Universitario Julio Méndez Barreneche para que le atendieran un problema de arritmia y durante ese tiempo no fue posible que lo viera un médico.
“Me tocó recurrir a un amigo que me recomendó en otro centro, donde de inmediato me atendieron y me realizaron la cirugía que necesitaba”, dijo el afectado.
SI POR ALLÁ LLUEVE….
El problema de la salud, no solo radica en la no atención oportuna en las clínicas, sino también en la no entrega de medicamentos por parte de los dispensarios de las EPS.
En este sentido la mayoría de quejas son contra la Nueva EPS, cuyo dispensario Droguería Cafam, ubicada en la Avenida del Libertador con entrada al barrio El Reposo Abierto, hace más de 5 meses que no está entregando medicamentos.
“No se justifica que, en cinco meses, esta entidad, me refiero a la Droguería Cafam, no me esté suministrando las drogas centrales del Programa de Hipertensión y me vea en la necesidad de comprarlos cada mes y ese dinero nadie me lo retribuye”, dijo un afiliado de la Nueva EPS.
La misma situación la viven los afiliados a Sanitas que su dispensario Droguería Cruz Verde que antes era una eficiencia en el servicio, ahora se demoran hasta tres y cuatro meses para su entrega.

