Súper oferta de pescados y mariscos

Los consumidores pueden acudir para la Semana Santa al Mercado Público (Plazoleta de Pescados y Mariscos) y pescaderías especializadas donde ofrecen productos frescos y locales con alta higiene

Especiales recomendaciones de las autoridades distritales para que se adquiera un producto en óptimas condiciones de consumo.

La llegada de la Semana Santa transforma el pulso cotidiano de Santa Marta. Las calles se llenan de visitantes, los hoteles alcanzan altas ocupaciones y, como dicta la tradición católica, el consumo de pescados y mariscos se dispara de manera exponencial. Sin embargo, detrás de esta práctica cultural profundamente arraigada, emerge una preocupación recurrente: la calidad, conservación y manipulación de estos productos en una ciudad donde el calor, la informalidad y la alta demanda pueden convertirse en una mezcla peligrosa para la salud pública.

En el Mercado Público, puntos informales de venta y hasta en algunos establecimientos o grandes superficies, el incremento en la oferta de productos del mar no siempre viene acompañado de garantías sanitarias suficientes. El pescado que debería ser símbolo de frescura y nutrición puede convertirse en un riesgo si no se cumplen las condiciones adecuadas de cadena de frío, higiene y manipulación.

Durante esta temporada, es común observar cómo proliferan ventas ambulantes en distintos sectores de la ciudad. Neveras improvisadas, hielo insuficiente o inexistente, exposición directa al sol y ausencia de controles visibles son parte de un paisaje que, aunque cotidiano, debería encender las alarmas tanto en consumidores como en autoridades. La necesidad de aprovechar el auge comercial lleva a muchos vendedores a priorizar la ganancia inmediata sobre la seguridad del producto.

La situación se agrava si se tiene en cuenta que Santa Marta, por su ubicación geográfica y condiciones climáticas, presenta temperaturas elevadas que aceleran el proceso de descomposición de los alimentos. Un pescado mal refrigerado puede perder su frescura en cuestión de horas, generando bacterias que, al ser consumidas, provocan intoxicaciones alimentarias, cuadros gastrointestinales severos e incluso complicaciones mayores en poblaciones vulnerables como niños y adultos mayores.

LLAMADO A LOS CONSUMIDORES

En este contexto, el llamado a la ciudadanía es claro: no todo lo que parece fresco lo es. La responsabilidad también recae en el consumidor, quien debe aprender a identificar señales básicas de calidad. Ojos brillantes y no hundidos en el pescado, olor suave y no penetrante, carne firme al tacto y branquias de color rojo intenso son algunos indicadores que permiten reconocer un producto en buen estado. Por el contrario, olores fuertes, textura viscosa o coloración opaca son señales inequívocas de descomposición.

Asimismo, es fundamental verificar las condiciones del punto de venta. Un establecimiento limpio, con productos debidamente refrigerados y manipulación adecuada por parte del vendedor ofrece mayores garantías que aquellos espacios improvisados donde las normas básicas de salubridad brillan por su ausencia.

Pero más allá de la responsabilidad individual, el debate de fondo apunta hacia el papel de las autoridades. La vigilancia y el control durante la Semana Santa no pueden ser simbólicos ni limitados a operativos aislados. Se requiere una acción articulada entre la Secretaría de Salud, la Policía Metropolitana y demás entidades competentes para garantizar que los productos que llegan al consumidor cumplan con estándares mínimos de calidad.

No se trata únicamente de decomisar mercancía en mal estado, sino de prevenir. Campañas pedagógicas dirigidas a vendedores y compradores, inspecciones permanentes en mercados y zonas turísticas, y sanciones ejemplares para quienes pongan en riesgo la salud de la población son medidas necesarias en una ciudad que aspira a consolidarse como destino turístico de primer nivel.

EL TURISMO

El turismo, precisamente, añade una capa adicional de responsabilidad. Miles de visitantes llegan a Santa Marta buscando disfrutar de su gastronomía, especialmente de sus frutos del mar. Una intoxicación alimentaria no solo afecta al individuo, sino que impacta la imagen de la ciudad, golpeando uno de sus principales motores económicos. La reputación se construye con años de esfuerzo, pero puede deteriorarse rápidamente ante episodios de descuido sanitario.

En este escenario, los restaurantes juegan un papel determinante. Aquellos que operan dentro de la formalidad deben reforzar sus protocolos de compra, almacenamiento y preparación de alimentos. La trazabilidad del producto, el cumplimiento de normas sanitarias y la capacitación del personal no son opcionales, sino obligaciones que inciden directamente en la confianza del consumidor.

La Semana Santa, más que una temporada de alto consumo, debe ser una oportunidad para fortalecer la cultura de la legalidad y la responsabilidad en la cadena de comercialización de pescados y mariscos. Desde el pescador que extrae el producto del mar, pasando por el intermediario, hasta el vendedor final, todos hacen parte de un sistema que debe funcionar con rigor si se quiere proteger la salud colectiva.

No se puede normalizar la informalidad cuando está en juego el bienestar de la gente. Tampoco se puede mirar hacia otro lado ante prácticas que, aunque comunes, son peligrosas. La prevención debe ser la consigna, y esta solo se logra con compromiso conjunto.

El mensaje es contundente: consumir pescado en Semana Santa es una tradición valiosa, pero debe hacerse con responsabilidad. Elegir bien dónde comprar, verificar la calidad del producto y exigir condiciones adecuadas no es un lujo, es una necesidad.

A las autoridades, el llamado es a no bajar la guardia. A los comerciantes, a entender que la confianza del cliente se construye con transparencia y buenas prácticas. Y a la ciudadanía, a ejercer un consumo consciente que no ponga en riesgo su salud ni la de sus familias.

EN DEFENSA DEL CONSUMIDOR

Entidades que velan por la defensa del consumidor y los comerciantes minoristas de la plaza del mercado de Santa Marta y otros lugares de la ciudad, demandaron de las autoridades un control para evitar especulación con los pescados y mariscos, teniendo en cuenta que se acerca la Semana Santa.

La denuncia se fundamenta en el hecho que, con la llegada de los días santos, se incrementa el consumo de frutos del mar, río y ciénaga y por ende los precios se disparan hasta en un 20 y 30 por ciento con relación a los días que no hacen parte de la Semana Mayor.

Pero además de los precios, los denunciantes también exigieron un control de calidad, para evitar que se comercialice producto de mala calidad y no apta para el consumo humano, como ha ocurrido en otras temporadas.

De acuerdo con los comerciantes minoristas y compradores ocasionales hay un producto, es decir, bocachicos criado y levantado en piscina que viene del Cono Sur, de países como Argentina, Paraguay, Uruguay que a pesar de la cadena de frío, se descompone con mucha frecuencia.

“Ese producto no es casi apetecido por las familias locales, por ser una carne insípida, falta de sabor que pierde mucha calidad al venir y permanecer congelado por mucho tiempo”, dijo uno de los comerciantes minoristas o de carretillas del mercado.

A pesar de esos factores, esa carne no es barata, una libra oscila entre 15 y 20 mil pesos y es poco solicitada, porque la gente solicita el bocachicos criollo, el que sabe a barro, el que se cría en las ciénagas del Magdalena y la región de Córdoba.

LO CRIOLLO ES MEJOR

 “Una mano de bocachillos, cuatro ejemplares medianos, en tiempo distante de la Semana Santa se consigue en precio razonable hasta por 30 mil pesos, pero en la víspera de los días santos, esa misma mano vale entre 40 y 60 mil pesos”, sostuvo un consumidor.

Ahora, los precios de estos mismos productos en los puestos que se encuentra dentro de la Plazoleta de Pescados y Marisco del Mercado sufren incremento entre el 20 y 30 por ciento del valor que dan los minoristas o carretilleros, por los costos que implica el pago de servicios públicos y alquiler del local.

También, se consigue bagre fresco, seco lo mismo de barbudo, blanquillo y moncholo, comelón y dorado que también son productos muy buscados por la gente para esta temporada.

“Lo cierto es que los pescados que se compran en la Plazoleta del Mercado, es una carne buena apta para el consumo humano, porque se trata de un producto vigilado por las autoridades de salud, que al final son los que dan el visto bueno para su comercialización”, dijo una vendedora que se identificó como Amalia.

Dentro de la Plazoleta o en las carretillas de los alrededores de la bóveda principal del mercado, el pescado de cualquier clase que se compre allí, es confiable, se encuentra en su máximo estado de maduración listo para ser cocido y servido a la mesa con toda confianza.

Pescados como el pargo rojo, cojinoa, sierra, carite, salmón, entre otros productos, también se consigue en  la Plazoleta de Pescado y Mariscos del Mercado

Porque en una ciudad como Santa Marta, donde el mar es vida, cultura y sustento, cuidar lo que de él proviene es también una forma de cuidar a su gente.

Articulos relacionados

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Ultimos articulos