Responsabilidad de proteger (II)

En la columna de hace ocho días expliqué los antecedentes de la controvertida teoría sobre la responsabilidad de proteger que tu lugar a finales del siglo XX y comienzo del siglo XXI. Conviene añadir algunas reflexiones.

Algunos hablaban de una conciencia humana internacionalizada, que no toleraba la ocurrencia de tanta barbarie. Otros preferían inspirarse en los principios del derecho internacional o las teorías sobre la soberanía estatal para justificar la inacción, la negligencia, la indiferencia total frente a las enormes barbaridades que se presentaban y continúan presentándose.

Es, sin duda, un debate necesario, pero que no puede concluir en la idea de que cada conglomerado humano en cada territorio nacional luche por la defensa de sus derechos humanos, así exista la evidencia de qué ello es realmente imposible ante la aplastante capacidad de represión de un gobierno. Nos olvidamos que la intervención de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, le puso fin a la masacre de más de 6 millones de judíos. Ellos muy inteligentes, cultos, muchos de ellos muy ricos, no pudieron hacer nada frente a semejante barbaridad. El hallazgo de los campos de concentración todavía agobia al mundo, y nos da vergüenza. Y que ahora 8 millones de venezolanos estén deambulando por el mundo no es un tema despreciable.

La controversia no es despreciable. Pero la preservación de los derechos humanos cuando éstos son violados en forma tan brutal y sistemática requiere una respuesta humanitaria. Es que sí existe una comunidad de valores que tenemos que defender en cualquier circunstancia.

Hoy estamos ante este predicamento. Preservamos el orden internacional, ya casi inexistente, creado en 1945, como respuesta a la barbarie de las guerras mundiales y buscamos la manera de hacerlo realmente eficaz, porque los ejemplos abunden sobre su ineficacia o reconstruimos ese orden a la luz de tantas experiencias, exitosas, regulares y fatales.

En el caso de Venezuela, como de otros países de la región o en otros continentes, se interpela a la comunidad internacional para exigirle que abandone su comodidad y supere su indiferencia, que defina tanto cuanto sea necesario los postulados de la doctrina responsabilidad de proteger para que éste se aplique a la luz de los más altos y nobles valores de la comunidad internacional.

De esta doctrina poco se conoce y nada tiene que ver, por ejemplo, con casos como el de Groenlandia, que tiene elementos de seguridad nacional, internacional, y que puede encontrar soluciones bien diferentes para su adquisición, por vía de la compra o la colonización.

Estamos viviendo una situación internacional completamente inédita que requiere de las mejores inteligencias y de las mayores virtudes para ofrecer a la comunidad internacional, un nuevo orden que tenga vocación de eficacia, oportunidad y justicia. En todos los terrenos, por supuesto en el de los derechos humanos en todas sus dimensiones, reclutamiento de niños, trata de niños, trata de blancas, secuestro, confinamientos, desplazamientos masivos, y otras calidades, ya han convertido en un infierno, la vida para muchas familias. Hay una ruptura afirmó el banquero central de Canadá.

Es la hora de humanizar, de verdad, las relaciones internacionales y la convivencia de los pueblos. Las dictaduras implacables no pueden seguir contando con la complacencia, complicidad, negligencia o indiferencia del resto de la humanidad. No puedo seguir una ideología que contemple tanta crueldad, tanta barbaridad, tanta brutalidad y tanto desprecio por los mínimos valores que sustentan la humanidad.

Necesitamos instituciones multilaterales que obren con presteza y oportunidad. Necesitamos normas del derecho internacional que sean exigibles y que tengan capacidad de hacerse obedecer.

*Exministro de Estado

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