El populismo se paga en dólares

Desde que concluyó el boom petrolero de 2004-2014, propiciando una depreciación del peso de más de 40%, Colombia se ha beneficiado de ser un país extraordinariamente barato en dólares. Recibimos apenas 2 millones de turistas internacionales en el año 2011, cifra que incrementaría a los 4 millones en 2018 y casi 7 millones en 2024. La cantidad de jubilados estadounidenses y nómadas digitales también ha crecido estrepitosamente, particularmente en Medellín. Una minoría de visitantes o residentes extranjeros ha estimulado fenómenos sociales indeseables, como el consumo de drogas ilícitas y la trata de personas. Sin embargo, los bajos precios en dólares de la última década han contribuido a estimular algunos de los sectores más dinámicos de nuestra economía, creando oportunidades de trabajo formal y compensando parcialmente la pérdida de los grandes ingresos petroleros del boom.

Este fenómeno alcanzó su máxima expresión durante el gobierno de Iván Duque. Por un lado, enfrentó varios choques a la credibilidad del país, como lo fueron el estallido social, el Covid-19, y la victoria del petrismo en las elecciones del 2022, que se tradujeron en la depreciación del peso a mínimos históricos.

Por otro lado, la administración real de la economía fue sumamente exitosa, traduciéndose en resultados escasamente anticipados o apreciados en ese momento. La inflación, que había alcanzado el 7,5% en 2016 y el 4.3% en 2017, regresó durante el gobierno Duque a la banda de 2-4% establecida por el Banco de la República, donde permanecería entre 2018 y 2021. Inclusive, entre marzo de 2021 y enero de 2022, tuvimos tasas de inflación inferiores a las de Estados Unidos.

Si bien se dio un pico inflacionario del 10,2% en 2022, este correspondía a una tendencia global y transitoria de ajuste de precios después de la pandemia, comparable a las experiencias de países comparables como Chile, Brasil y Perú. Los ingresos per cápita habían alcanzado niveles 10,3% superiores a niveles pre-pandemia, mientras que las exportaciones habían alcanzado los 61,9 mil millones de dólares, un crecimiento de casi el 50% con respecto al 2019.

Teníamos un país más competitivo, con condiciones más propicias para la actividad productiva y costos reales controlados, pero con una moneda depreciada por las expectativas de un futuro peor. Por lo tanto, entre el 7 de agosto de 2018 y la misma fecha del 2022, nuestra inflación anual en dólares fue de -4,89%. Entre esas dos fechas, el poder adquisitivo de un dólar en Colombia incrementó en un 22%.

Durante el actual gobierno, la tendencia ha sido exactamente la opuesta. El peso se ha venido fortaleciendo. Las expectativas de un presidente mejor a partir de este año, el fracaso del petrismo en sus iniciativas más destructivas y sus intentos de captura institucional, y el crecimiento de los ingresos del narcotráfico han contribuido a esa tendencia. En paralelo, la inflación ha alcanzado niveles escandalosamente altos, llegando al 11,7% en 2023, muy por encima de nuestros pares latinoamericanos, y permaneciendo por encima del 5% hasta la fecha. Al paralizar las inversiones en energía e infraestructura mientras incrementa desaforadamente el gasto público y los salarios, este gobierno ha hecho imposible controlar la inflación en Colombia. Desde agosto de 2022, la inflación en dólares ha sido del 10,98% anual. El país está más caro en dólares, pero no porque estemos exportando en grandes cantidades o recibiendo grandes inversiones externas, sino porque todos, sin distinción de moneda o nacionalidad, estamos pagando el precio del populismo.

*Analista

Articulos relacionados

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Ultimos articulos