En lo más alto de la Sierra Nevada de Santa Marta, entre la neblina y el canto lejano de las aves, habita uno de los loros más amenazados del país: la Lora Serrana o Cotorra de Santa Marta (Pyrrhura viridicata), una especie endémica que solo existe en este imponente macizo montañoso. Su plumaje verde con tonos rojos en el pecho y la cola, y su vuelo ágil, son cada vez más escasos. Sin embargo, una nueva alianza promete cambiar ese destino.
Conscientes de la urgencia de actuar, la Corporación Autónoma Regional del Magdalena – CORPAMAG –, en el marco de la Agenda Azul – Santa Marta 500 años, ha suscrito un convenio con la organización ProCAT Colombia, con el objetivo de fortalecer la conservación de esta especie, considerada en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
La Cotorra de Santa Marta es mucho más que una especie carismática de las alturas. Actúa como un bioindicador del estado de los ecosistemas de alta montaña: su presencia —o ausencia— revela el nivel de conservación o deterioro del entorno.
Habita exclusivamente entre los 1.700 y 3.200 metros sobre el nivel del mar, en bosques húmedos, montanos y páramos donde aún se escucha el susurro del viento entre las palmas de cera (Ceroxylon ceriferum), uno de sus lugares preferidos para anidar. Su dieta, basada en frutas y semillas, no solo mantiene su metabolismo en marcha, sino que también la convierte en controladora biológica y dispersora natural, contribuyendo a la regeneración de los bosques andinos.
Esta especie ha sido una víctima silenciosa de la deforestación, la ganadería extensiva, la tala indiscriminada y el tráfico ilegal de fauna. Su pequeño tamaño, apenas 25 centímetros, y su sociabilidad la convierten en presa fácil para quienes aún ven en la fauna silvestre un recurso explotable, y no una riqueza viva que debemos preservar.

Conservación con acciones y comunidad
El convenio entre CORPAMAG y ProCAT Colombia marca un hito en la gestión de conservación de esta especie. No se trata solo de estudios o buenas intenciones, sino de acciones concretas.
Durante 2023 y 2024 se lograron 326 registros de observación de la especie, un insumo clave para focalizar las estrategias de intervención. Este año, como parte de la Agenda Azul, se proyecta la instalación de 46 nidos artificiales en zonas boscosas estratégicas de la Sierra Nevada (en la Estrella Hídrica de San Lorenzo y los corregimientos de San Pedro y Palmor) estructuras que imitan las cavidades naturales que el lorito busca para anidar, especialmente en un contexto de pérdida de hábitat.
Además, se adelantan talleres de capacitación con comunidades locales, en los que se están formando monitores ambientales, quienes ahora no solo reconocen la especie y sus hábitos, sino que también participan en labores de seguimiento y vigilancia. La idea es tejer una red comunitaria de protección, que permita hacer de la conservación una oportunidad de vida digna en los territorios rurales.

Aviturismo: otra ventana para la conservación
Más allá de los beneficios ecológicos, la conservación de la Lora Serrana también abre caminos económicos sostenibles para las comunidades. Esta especie es una joya para el aviturismo, una práctica de naturaleza que en Colombia crece a pasos agigantados.
Con su rareza, belleza y exclusividad, el Lorito Serrano atrae a observadores de aves de todo el mundo. Su avistamiento puede generar ingresos para familias locales a través de servicios de guía, alojamiento rural, transporte y alimentación, integrando el cuidado de la biodiversidad con el desarrollo territorial.

Una apuesta para el presente y el futuro
La protección de la Pyrrhura viridicata no es una acción aislada. Hace parte de una visión integral de CORPAMAG, contenida en su Plan de Acción 2024–2027, que busca armonizar el desarrollo humano con la conservación ambiental, especialmente en un territorio tan biodiverso y frágil como el departamento del Magdalena.
Para quienes habitan en las veredas más altas, escuchar a la Lora revolotear entre las ramas es símbolo de esperanza. Y eso representa hoy esta estrategia: una promesa de conservación que une ciencia, comunidad y compromiso institucional, para que el canto de la Lora Serrana jamás se extinga.

