Ya llevamos por lo menos tres décadas haciendo un diagnóstico crítico de la democracia liberal. Y ahora estamos presenciando diversas expresiones de las dificultades que están sufriendo las más significativas en el mundo.
Comencemos por los Estados Unidos. La crisis de su democracia no surgió con Donald Trump. Él es un beneficiario de las difíciles circunstancias que ha venido viviendo la democracia americana durante varias décadas. No hay para que hacer el recuento histórico. Pero la llegada de Trump a la presidencia, su ejercicio muy controvertido del poder presidencial y de su comportamiento personal, y lo ocurrido el 6 de enero, un ejemplo de una insurrección, como la denomina la Constitución americana, que hasta la fecha ha dado lugar a sanciones a personalidades del círculo cercano a Trump, pero que en nada ha afectado al propio presidente.
Y ahora con una sentencia de la Corte Suprema de Justicia que hace una interpretación del tema de la inmunidad presidencial muy compleja a tal punto que para muchos coloca al presidente de los Estados Unidos por encima de la ley, lo cual es un contrasentido enorme con respecto a lo que ha sido la vida democrática de ese país y el desempeño de sus presidentes. Y ahora todo se ha complicado, aún más, con la situación tan difícil que ha vivido el presidente Biden antes del debate presidencial en la televisión y a raíz del mismo, porque no se encuentran salidas fáciles. Y así se ha incrementado el riesgo de que el expresidente Trump retorne a la Casa Blanca, esta vez con un sentido aún más imperial y menos ajustado a las tradiciones democráticas. Tamaño problema.
En Francia, el presidente Macron en una decisión que se dice no fue debidamente consultada, convocó unas elecciones para clarificar la situación política que se había generado como resultado de las elecciones parlamentarias europeas que le dieron a la extrema derecha francesa un primer lugar que el presidente francés consideró debería ser objeto de una revisión electoral. La extrema derecha gozosa aceptó el desafío y se declaró lista para gobernar y, luego de la primera vuelta de la elección de los diputados de la asamblea nacional, obtuvo un triunfo que rectificaba lo que ya había ocurrido en la elección europea y, entonces, con un despliegue de ambición y seguridad desbordadas, solicitaron una mayoría absoluta para gobernar a Francia.
Tanto la izquierda francesa que se unió en un proceso muy rápido y estratégico como el partido del presidente Macron, acordaron una estrategia electoral que les permitió reversar la situación electoral resultante de la primera vuelta y, así, la extrema derecha pasó del primero al tercer lugar, la izquierda obtuvo el primer puesto y el partido que apoyaba al presidente Macron quedó en segundo lugar y fue el único que perdió sillas, se dice que 100 sillas en la asamblea.
Así, Francia quedó sumida en una situación de indefinición política que se traduce en que no existe ninguna fuerza política que pueda mostrar los 288 votos que se requieren en la Asamblea para poder tener derecho a gobernar. Se trata de un gobierno parlamentario. Macron, casi con una mayoría, venía implementando un gobierno minoritario y haciendo uso de un mecanismo constitucional que le permitía aprobar las leyes sin contar con la mayoría porque sus opositores no podían vetarla con una mayoría que no podían construir. Es el recurso del artículo 49,3 de la Constitución de la Quinta República. Ahora se habla de que podría continuar gobernando haciendo uso de ese mismo instrumento y, eventualmente, del artículo 16, que sería el equivalente a lo que entre nosotros llamamos poderes extraordinarios. Por disposición constitucional no se puede convocar otra vez a un proceso electoral, como se hizo en España, porque ello solamente puede ocurrir un año después de las elecciones que acaban de suceder. Y al presidente Macron le quedan todavía tres años del segundo periodo presidencial. Nada fácil
En Inglaterra, luego de 14 años de gobiernos conservadores, de inestabilidad en el ejercicio del cargo de primer ministro que es el equivalente a nuestro poder presidencial, pero que se ejerce en armonía con la mayoría parlamentaria, el partido que estaba en la oposición logró un triunfo electoral que desbordó cualquier predicción y que colocó al partido conservador en una situación muy precaria en el parlamento y al laborismo triunfante en una posición dominante como nunca antes en su historia y en la de la isla británica. No es una crisis , pero es la expresión del enorme error que se cometió con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, el Brexit, y luego con gobiernos muy deficientes. Está por verse si el laborismo se mantendrá en el poder 14 años, como le ocurrió a los conservadores o si pronto tendremos una renovación de las banderas conservadoras y del apoyo por parte de la ciudadanía. Son tres situaciones políticas diferentes, pero muy recientes sobre lo que está ocurriendo con la democracia liberal.
*Exministro de Estado

