Potenciar nuestro turismo

Somos una ciudad y un departamento de incomparable hermosura. Playa, brisa, mar, etnias, paisajes, amaneceres y atardeceres incomparables e irrepetibles, aves, fauna y flora exuberante, océanos de espacios forestales, bóvedas de verdor, visiones imborrables de la memoria, bellos y hermosos parajes naturales en todo tiempo y lugar, que invitan a ser visitados y disfrutados en toda época del año; y más, por cuánto bien pudieran contener áreas de recreo y esparcimiento a su alrededor así como diversos senderos que los atraviesan y constituirán solaz para miles de personas propias y foráneas que allí acudirían por su singular belleza. Es sin duda emocionante cual que más la sucesión de belleza a lo largo y ancho de nuestro territorio que merece ser mayormente explotado y puesto al servicio del mundo, en la seguridad que no seremos olvidados por quienes nos visiten.

Requieren nuestras bellezas intervención, acondicionamiento, infraestructuras, cero abandono y apatía de quienes teniendo la obligación y el deber de cuidarlas no las mantienen ni las reivindican. Los gobernantes con competencias en estos asuntos no deberían permitir que nuestros recursos naturales y turísticos actúen pertinentemente para su recuperación, de tal manera que se ponga sobre el tapete su gran valor medioambiental y paisajístico.

Algo de lo mejor que puede sucederle a Santa Marta, de cara a sus 500 años de fundada, es volver a constituirse en la meca turística por excelencia del país para nacionales y extranjeros. Meta que debe encarnar la próxima administración (en la actual no se ha dado), a la que desde ya le deseo y es lo que quiero como la totalidad de coterráneos y creo no equivocarme, que cuando abandonen el cargo dejen una ciudad mejor de la que habrán de encontrar cuando arriben al solio de Bastidas.

Para que lo cuál no sea vaga quimera, no solo debe ser turismo lo que preocupe y ocupe, sino mejorar todos y cada uno de los indicadores en los órdenes sanitario, educación, empleo, infraestructuras, agua, acueducto, alcantarillado, productividad, competitividad, equidad, igualdad, renta disponible y demás otros aspectos que individualidad y conjuntamente contribuyen a consolidar desarrollo, crecimiento e integrales progreso, bienestar y prosperidad.

 

Creemos que la administración que llegue deba ser capaz de conseguirlo, para que la recordemos como una buena y mejor administración y hacer que en Santa Marta se den las más de las acciones y actuaciones positivas a este tenor, para que pueda situarse, en armonía con el resto de las comunidades importantes del país y muchas del exterior en sitial de preeminencia, superando ese lastre histórico que nos mantiene desde hace decenios en la tabla baja en este tipo de indicadores. Es en parte mucho de lo que en verdad importa.

En otro orden de ideas y sin perder nunca de vista la cuestión de nuestro avance económico y social, importa potenciar la industria del turismo para todo el año, que cada día sea para nosotros temporada alta. Que las cifras crezcan exponencialmente. Que el punto de mira y el objetivo sean puestos en toda clase de públicos y clientes. Atender a los visitantes, ofrecer excelencia, lujo, suntuosidad, pero igualmente, recibir con los brazos abiertos a otros segmentos poblacionales de diferente como variopinto perfil. Interesa una Santa Marta turística llena sitios emblemáticos con albergues de postín para todos los usos y bolsillos. Que nuestra realidad crezca. Que nuestra verdad como potencia turística se vea y que positivos y reveladores sean nuestros datos e índices de desarrollo. Y si bien el turista de alto impacto gasta ocho veces más en destino que el turista medio, lo cual repercute en restaurantes, compras, cultura y espectáculos, no es menos cierto que el turismo medio igual genera ingresos que también contribuyen a consolidar progreso.

Tengamos claro que todos los modelos turísticos deberían converger en la ciudad y esa debe ser la senda que debamos escoger en cuanto a modelo turístico. El de un turismo que busca calidad, atención, naturaleza, tradición, sofisticación y demás otros que ya son una realidad en el planeta. Se trata desde luego de una apuesta hacia la excelencia, toda vez que contamos con las condiciones idóneas para brindarlo y atraer a una gran masa nacional e internacional. Solo falta que nos convenzamos a nosotros mismos. Que nos lo creamos. Que aprovechemos al máximo todas nuestras potencialidades. Y que las Administraciones ayuden empujando en la misma dirección. De lo contrario, solo tendremos pan para hoy y hambre para mañana. El modelo turístico se está renovando a pasos agigantados y las viejas estrategias están ya absolutamente caducas. O actualizamos nuestra oferta o estaremos condenados al fracaso, lo que sería más que una pena y un carnaval de desperdicio de oportunidades. saramara7@gmail.com

*Abogado 

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