Amor y Amistad con base en los principios cristianos

El verdadero amor es una iniciativa divina. Como Jesús permanece en el mandato del Padre o en otras palabras ha guardado los mandamientos del Padre así nos pide que guardemos el mandamiento fundamental, el del Amor; pero no cualquier amor, el amor-sacrificio, no a la medida de cualquier persona, aunque sea servidora de la Iglesia, a la medida de Él quien lo dio todo por amor.

El amor de Jesús ha cambiado las relaciones con los discípulos y con sus apóstoles; lo normal sería que siempre mantuvieran dicho rol u oficio: ser discípulos, alumnos, novicios; pero no, Jesús ahora los llama amigos, lo cual supone igualdad de ventaja e intereses; pero no todo termina allí.

Ahora nos toca a nosotros mantener dichas relaciones de amistad. Es que las relaciones entre los creyentes o seguidores de Jesucristo deben estar consolidadas en el amor-amistad, en la igualdad, en la mutua entrega y sacrificio.

En el fondo, continúa la iniciativa divina, el Padre ha amado el primero, Jesús es quien ha elegido y nos ha destinado para que demos fruto y fruto abundante. El mandato se reitera: ámense los unos a los otros, con base en la medida del mismo Jesús.

Aquí estamos ante el sentido principal y último de todo ser humano: amar y ser amado; tener sentido; tener de qué ocuparse. Comprender que el amor es un mandato, es algo así como tomar conciencia de que tenemos que respirar para vivir. Amar al estilo de Jesús es retirar de nuestras relaciones afectivas todo aquello que suene a dominación, utilitarismo, cosificación o manipulación. No podemos excluir de la pareja que vive en matrimonio el amor sensual, erótico, sexual y genital; pero no toda relación amorosa debe centrarse como primer interés en el disfrute sexual; sabemos que en el amor y en la amistad hay satisfacción mutua de necesidades económicas y afectivas, pero el compartir debe ser espontáneo, humilde, no utilitario.

Con el Evangelio en la mano, es necesario volver a creer en el amor de pareja, en la amistad, en la relación de hermanos o fraternidad, en la convivencia ciudadana y patriótica especialmente en los momentos que vivimos.

Con el ejemplo de Jesús es necesario volver a repasar la necesidad del amor entre los esposos, entre padres e hijos, hijos y padres; entre vecinos y compañeros de trabajo.

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